No se oye la voz gremial de abogados en la crisis

Francisco Ferman

 Por: Francisco José Ferman (*)

¿Qué significa crisis? El diccionario define la palabra como “situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”. ¿Estamos en crisis y qué clase de crisis? Podemos decir que sí, lo estamos y esta se plantea en las áreas política, de salud pública y económica.

Las crisis por lo general generan desorientación, pues se desconoce el rumbo que toman los acontecimientos; conflictos porque hay choque de intereses; expectativas de solución y la búsqueda de liderazgo que presente alternativas para alcanzarlas. Si estas condiciones no son enfrentadas metódicamente, la crisis no sólo se mantiene, sino también multiplica sus efectos.

Algo así ocurre en El Salvador, en este momento, en el que en lugar de la consolidación de esfuerzos de diferentes sectores de la sociedad para arrojar luz sobre cielos tormentosos, se hunde esta en un aparente clima de todos contra todos, primordialmente debido a la falta de un liderazgo sensato, sereno y, sobre todo, inteligente.

El en curso de su historia, el país ha contado con una valiosa fuente de pensamiento lógico, sistemático, prudente que emana del gremio profesional de los abogados.

Estos se han desempeñado, tradicionalmente, como consejeros que moderan el ejercicio del poder político, como factores de cambio en todos los órdenes del quehacer del Estado; aunque no se niega que también hay agentes nocivos, dentro de este gremio, que desnaturalizan su función orientadora política al emplear artilugios y maniobras jurídicas en el diseño de decretos, reglamentos, y proyectos de ley que rozan la ilegalidad.

La abogacía no se mueve en un mundo matemáticamente exacto, sino en uno real, cotidiano, de probabilidades y ambigüedades, por lo que su ejercicio se desarrolla, no dentro de lo categórico, lo absoluto, sino de lo discutible, basado en el respeto de los diferentes puntos de vista de unos y otros y en negociar soluciones, es así como se controlan las crisis. Tanta importancia tiene la profesión que es la única privativa de uno de los tres órganos del Estado: El Órgano Judicial que tiene la potestad constitucional de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado y que, mediante una de sus salas, controla a los otros dos órganos.

Ahora bien, ¿qué espera la sociedad de sus abogados, en este momento de profunda crisis política, sanitaria y económica del país, más allá de la representación profesional para actuar en juicios de distinta naturaleza?

1)    Estar atentos a lo que permiten y prohíben la Constitución y  las leyes secundarias mediante el monitoreo activo de las ejecutorias de los gobiernos.

2)    La denuncia gremial de los errores, la mala administración de los asuntos públicos, la corrupción, la impunidad, el nepotismo, los despilfarros de la hacienda pública, el irrespeto a los derechos humanos,

3)    Pronunciarse ante la amenaza de cambiar el orden constitucional del Estado; la violación de derechos ciudadanos como la privación arbitraria de la libertad individual, el riesgo de contagio en los llamados centros de contención, la paralización de municipios mediante el uso intimidatorio de la policía y de la Fuerza Armada; por la asistencia que se debe al creciente ondear de las banderas blancas del hambre.

¿Pero qué es lo que salta a la vista en este momento de parte de tan importante gremio? Aparte de unos cuantos destacados miembros del foro que escriben y expresan sus opiniones, muchos valientemente, en los medios locales, nada se escucha de las asociaciones de abogados. Ninguna voz colectiva se escucha de las gremiales de profesionales del Derecho, dentro del pandemonio político actual; no hay pronunciamientos, propuestas; planteamiento de soluciones; llamados a la concordia; proclamas que en la historia reciente conmocionaron a la opinión pública e hicieron tambalear a grupos de poder y gobiernos. Ahora, en cambio, priva el silencio gremial.

En ocasión de celebrarse el 30 de junio, el Día del Abogado, es oportuno reflexionar sobre el importante papel que debe desempeñar el  gremio en la fiscalización permanente de la conducción de los asuntos del Estado y, en favor directo de  la ciudadanía común; si debería constituirse en una especie de tribunado pleblis, o tribunos de la plebe quiénes, en la antigua Roma, velaban por los intereses de los plebeyos, de aquellos que no podían probar su ancestro en los orígenes de la Roma de Rómulo, los que no eran parte del populus romano y menos de los patricios de raigambre nobiliaria, en resumen, de la gente del pueblo con cuyos tributos se pagaron los estudios en la Universidad Nacional.

(*) Abogado de la República