Lecturas Politicas III: Secretos de estado y acuerdos de gobierno del estado nacional

Julo Palacios, abogado de la República.

Por: Julio Palacios (*)

Pero, ¿cómo podemos los ciudadanos salvadoreños establecer la diferencia entre los asuntos estatales y los asuntos del gobierno? La primicia inicial es como entender el concepto de Estado en términos de realidad política de actualidad.

Como efecto de la globalización, de las relaciones internacionales vigentes y administradas por organismos supranacionales: Sea la OMS en salud, la OEA en política regional, la UNESCO en términos de educación y cultura, son estos organismos entre el millar de tutores estatales que rigen las relaciones internacionales actuales.

Lo que supone la pragmática precariedad conceptual del Estado-Nación, que ha sido superado por esa apabullante condición de país periférico y dependiente del nuevo orden internacional administrado por las superpotencias dominantes.

Para las sociedades como la salvadoreña, el concepto adecuado que lo explica es el concepto de Estado-Aparato de la teoría del maestro Nicos Poulantzas. Si las potencias han adoptado el Estado Corporativo como el eje de la dominación económica y política, los Estados Periféricos muy bien les conviene seguir la ruta de los amos del universo sea este universal o local.

Esta apreciación de la realidad vendría a explicar de como los poderes facticos tesoneramente trabajan para tener, mantener y usar el poder, según la fórmula del ilustre maestro Nicolás Maquiavelo. Dicho en términos locales, los que controlan el poder económico demandan a sus agentes en los Aparatos del Estado: Obediencia, sumisión y complacencia por aquello de “todo funcionario tiene precio”, es de esa modalidad que lo ejercen en el comercio estatal de los negocios y ventas a las proveedurías ministeriales, en sus solicitudes de bienes y servicios, por supuesto al mejor cliente del “Mercado Nacional” el Estado.

Por eso es la lucha feroz por los contratos estatales-privados; si los fines del Estado son nobles en términos loables, pero en la práctica política esos fines deben de ser afines y en complacencia a los intereses de esos poderosos del dinero y de la política. En otros términos, los secretos del Estado son frente a la comunidad internacional, y los secretos y acuerdos de gobierno son legítimos en el ámbito nacional.

Todo es negociable visto desde la política pública pragmática. Las legislaciones como en la Ley LACAP, es una muestra palmaria de cómo se pavimenta el camino para los todopoderosos nacionales y sus aliados.

Desde esta perspectiva es posible explicar porque el gobernante invita a los señores dolarizados a participar en esas reuniones; sean estas: Secretas, privadas, discretas, sectoriales, gremiales, para el diseño y la implantación de la política pública ciudadana, y que las circunstancias demandan que los gobernantes encuentren soluciones sin pretextos o evasivas explicaciones. Fueron electos para el ejercicio del poder político y deben de ceñirse a los imperativos de la demanda del soberano.

Que lamentables declaraciones de los agentes políticos que no quieren aceptan que ellos se deben a quienes les posibiliten que ejerzan esos cargos de elección directa primaria, o elección secundaria y por efecto colateral la terciaria en los mandaderos y recaderos de quienes recibieron tales favores políticos.

Los negocios del gobierno es tarea de todos según las funciones de sus cargos, que todos son políticos… son políticos. Sea para el Ejecutivo presidencial, el Judicial no justicia y Legislativo corporativo.

Quien es invitado a las reuniones de gobierno, debería cuidarse de mostrar que es patriota en el sentido de la lealtad que le debe al Estado de la Republica de El Salvador. Y lealtad al cargo en la administración pública y agradecer a los contribuyentes que paga todos sus honorarios y sueldos.

(*) Abogado de la República