Lectura para fin de año: Por Mi Gordísima Culpa - Diario Digital Cronio de El Salvador
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Lectura para fin de año: Por Mi Gordísima Culpa

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«Por Mi Gordísima Culpa» es el libro escrito en 17
capítulos por la recién estrenada escritora migueleña
Lorena Reyes.

Uno que siendo el primero de la autora cae inevitablemente dentro de la narrativa intimista y que con un lenguaje coloquial migueleño, que la lleva a abusar de las frases cliché, refleja sus vivencias personales que bien podrían ser la infancia de toda una
generación.

Influenciada por unos padres conservadores como equivocados que nada pudieron hacer para evitar su negro porvenir nos revela una sociedad que (para bien o mal) ya no existe, muriente, totalmente perdida en una nueva ciudad remesera en que se ha convertido y re identificado San Miguel.

Aquel pueblo donde nadie era más que nadie (no por la ausencia de posiciones económico-sociales) sino porque todos se conocían ya no existe y reiteradamente Lorena Reyes nos retrotrae para
explicarnos ¿por qué allí se hizo gorda? La idea de que
más amor significa más comida y que la gordura es salud
se revela de manera sutil en una violencia intra familiar
infantil continuada personalmente en la adultez hacia una
vena autodestructiva que puede estar más cerca de lo
que creemos de todos nosotros.

No es un libro de autoayuda y menos para adelgazar. En
principio, pero si puede hacer comprender el lev motiv de
la obesidad de muchos: no es la comida estúpidos.

Narración de la frustración personal que comienza con el
fatídico desbalance adolescente del gen FTO pasando por
la búsqueda de la aceptación desenfrenada entre los
mayores por la marginación que conlleva ser gorda(o)
elevada a embarazo o familia forzada.

Continuada por una maternidad glotonera como mecanismo de
canalización del abandono del donante de esperma en
que finalmente se convirtió el hombre de su vida. Finaliza
con la superación de la vida, de esa vida de gordura y la
puesta en imprenta de un sueño: un libro. «Por Mi
Gordísima Culpa» que como catarsis bueno fuera que
todas las historias terminaran así.

Los seres humos somos para siempre dos tercios nuestra
infancia y ambiente familiar. Ser gordo es una cuestión
personal pero con unas repercusiones sociales dramáticas
en una sociedad de consumo, las relaciones
interpersonales, laborales y sexuales truncadas a causa de
esto obligan a sobreponer el tercio restante que le toca
construir a cada uno fuera de la esfera de la familia como
lo mejor que tienes.

Una herencia a destruir es la obesidad. ¿Y si es qué es psico-genética? Es un libro misericordioso visto desde quienes nunca fuimos obesos pero llega a la crueldad desde quienes si lo fueron o lo son. Y así debe ser porque no pretende ser un manual
para dejar de ser un tragaldabas.

El libro no es pretensioso, no entrara a la literatura
universal. Tiene de traslucido la ciudad de todos nosotros,
San Miguel.

La vida de los que tenemos que irnos a estudiar o trabajar fuera porque quizá nos queda chiquita la provincia o porque simplemente pueden pagarse la universidad más allá del rio Lempa pero regresamos.

Allí radica su importancia, es un relato sencillo, honesto y con
buena intención narrativa, comprensible para un lector
que no le gusta leer que pueden también comprarlo en
Amazon.


Corolario:
El Teatro Nacional de San Miguel nominado en la década
de los 30`s Francisco Gavidia celebrará el próximo 29 de
diciembre 110 años.

Para conmemorarlo se ha organizado una velada cultural que incluirá una obra de títeres; lectura del libro de la neo escritora migueleña Lorena Reyes, «Por Mi Gordísima Culpa» y el documental El Nacional que incluye la historia de los Teatros de San Salvador y San Miguel, ambos dirigidos por mí.

Todo comenzará desde las 6.00 PM y la entrada es libre para los
asistentes, sean gordos o gordas incluso si no lo son.
Nadies es perfecto al fin y al cabo.

ESCRITO POR MARVIN AGUILAR. Analista político, Culturologo, graduado de la Universidad Estatal de Moscú. Cineasta documentalista. Columnista.

@_aguilarumana
      

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El hambre aprieta más por la pandemia: “Por favor, me regala cinco centavos…”

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De nuevo, los más vulnerables son las primeras víctimas en tiempos de crisis. En San Salvador, ha surgido un nuevo fenómeno: personas, sobre todo mayores, con vasitos plásticos en mano pidiendo ayuda a todo el que pueden.

Su tarea no es nada fácil con esta emergencia. Por una parte, se rebuscan para sobrevivir, pero corren el grave riesgo que al no justificar su permanencia en la calle sean enviados a cuarentena.

Solo en la capital, millares pasaron del empleo por cuenta propia a la inactividad total. Y tras esos miles hay familias, algunas veces numerosas y con enfermos, que ahora sufren de manera directa las secuelas económicas de la pandemia.

Hace unos días alguien tocó a la puerta. Era una sexagenaria, estatura pequeña, piel curtida, pelo cano recogido en moño. Su enorme delantal de tres bolsas, con revuelos en blanco, la delató como posible vendedora.

“Por favor, me regala cinco centavos…”, dijo de una manera suave, amable, mientras extendía en su mano derecha un vasito de plástico celeste.

No demostró estar en condición de calle. Su camiseta amarilla de cuello redondo y su falda gris, por supuesto su enorme delantal, todo estaba muy limpio.

Tras recibir la ayuda, se retiró agradeciendo. “Voy de puerta en puerta”, comentó.

El hambre aprieta más por la pandemia y esto se evidenció con creces el pasado lunes cuando miles y miles abarrotaron los CENADE en busca de la ayuda ofrecida. Esto, sumado a los testimonios de quiénes, tras contar sus desgracias personales y familiares en la televisión, se topaban con la amarga noticia de no ser beneficiarios con los $300.

Que si fue el mejor sistema de entrega. Que si hay trasfondo político… Cada quien responderá lo que considere “apropiado”.

Lo inequívoco es que nuestra gente ha sufrido y sigue sufriendo. No veo a los grandes comerciantes, empresarios y restauranteros, por no decir más, obsequiando comida o productos de primera necesidad (o quizá ya llevaron su aporte al Centro de Acopio Nacional en CIFCO).

En California, Estados Unidos, ya hay un grupo de restauranteros latinos cocinando todos los días para obsequiar a quien lo necesite. A diferencia de nuestro país, allá los pobres tienen carros y las filas de vehículos para recoger un poco de comida parecen interminables. ¿Y aquí?

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«Es mejor que estés encerrada… ¡Te extraño tanto!», la carta de un hijo a su madre de 92 años en El Salvador

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Imagen de refrencia.

El COVID-19 nos distanció físicamente hace un mes. Y es que sos, al igual que el resto de tus compañeras de destino, la víctima perfecta de esta pandemia que cada día amenaza a nuestro país con decenas de contagios e irremediables pérdidas de vidas, valiosas todas.

Todavía resuena la voz al otro lado del teléfono informándome: “Ya dimos la orden de cerrar. Nadie entra…”

De inmediato, recordé la última visita que te hice. Estabas acostada mirando al techo. Al llamarte por tu nombre giraste tus ojos pequeños y profundos. Como siempre, no me reconociste… no porque me hayas olvidado por capricho sino como dirías, vos misma, a partir de tu creencia católica: “¡Es cuestión de Dios!”.

Como sea, esa tarde de domingo seguiste en cama incluso hasta la hora de cenar. Recuerdo la comida: frijoles molidos, plátano con canela, pan francés y atol.   

Cada vez que me toca alimentarte imagino que así lo hacías conmigo cuando era un niño, bocado a bocado, sorbo a sorbo. Siempre te digo: “vaya otro bocado” y vos como todo pajarito tierno que abrís la boca para recibir la comida.

Como dicen quienes te cuidan, el que tengás buen apetito es el mejor síntoma de que todo marcha bien.

¿Quién diría? Ya son 92 cumplidos. Suena tan lejos la fecha de tu cumpleaños: 14 de febrero de 1928… Y por increíble que parezca, ya pasaron nueve años desde que tu mente empezó a perderse en tiempos antiguos.

Un mes, como te digo, ya pasó un mes. Y habrán de pasar más hasta que volvamos a encontrarnos. Duele no verte, pero estoy seguro que el encierro que te han impuesto puede ser clave para que no se repitan historias como las de España donde decenas de mayores, en centros de cuido, fueron presa fácil del coronavirus.

Tampoco deseo saber que, de contagiarte, los médicos informen que por tu edad ya no pueden invertir esfuerzos en vos. Dolería saber esto, sobre todo, cuando en Italia, Alma Clara Corsini logró sobrevivir a la pandemia a sus 95 años, es decir, ella tiene tres años más que vos.

Alma Clara se ha considerado el símbolo de esperanza para Italia, en medio de la tragedia que implica el fallecimiento de más de 59,000 ciudadanos y el contagio de millares más.

Es mejor que estés encerrada. Te extraño. Pero es mejor que dentro de algunas semanas nos reencontremos para seguir compartiendo la vida. Vos en tu mundo de tiempos antiguos, yo alimentándote bocado a bocado, sorbo a sorbo, para retribuirte un poco de lo que hiciste por mí.

¡Te quiero mamá!

Columna: Filipeando

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Hoy hubo un error, pero no del Presidente, sino de todos

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Ayer en la noche vi estas fotos. Es en Europa, en España, en Madrid. Es un «hospital» para pacientes que aún no necesitan respirador, solo oxígeno por el momento. Las fotos parecen de una película, provocan terror.

Lo que vimos ahora en los CENADE sí es improvisación. Claro que hay improvisación, como la hubo en China, Italia, España, Estados Unidos. Improvisación como la que hay en ese hospital. Simplemente, el mundo no estaba listo.

En estas fotos estamos viendo la improvisación de un gobierno de primer mundo. Y asustan esas imágenes. Y cuando oigo que algunos dicen que el Gobierno mete miedo y vende alarmismo, me pregunto, qué creo que hubiera preferido esa gente: que su gobierno les hubiera metido miedo y tal vez no se hubieran enfermado… o el miedo a la muerte que sienten ahora.

Lo que vimos ahora es la improvisación de que en tanto año nunca nadie hizo un mapa de la pobreza, de que el FMLN y ARENA se lavaron las manos cuando tuvieron la oportunidad de cambiar las cosas… y de que nadie, llámese Cristiani, Flores, Saca, Funes, Cerén, en tanto año no hicieron nada por combatir la pobreza desde su raíz.

Hoy lo que salió a las calles es la mejor fotografía de esa corrupción, de esa falta de educación, de un buen sistema de salud, de un sistema excluyente que hemos sufrido por décadas. Hoy lo que se vio en las calles fue el mejor retrato de los 40 o 50 años de injusticia social y de gobiernos que han saqueado este país.

Como dijo el Presidente Bukele, habrán errores, ojalá lo de hoy no se traduzca en infectados como desearan algunos para tener una herramienta con qué atacar al Gobierno. Pero cada país ha cometido errores: China ocultando información, España e Italia reaccionando tarde, Estados Unidos priorizando la economía antes que la gente; Alemania que no cerró fronteras. Y así una larga lista de errores. El Salvador lo cometió tratando de alimentar a miles de familias desesperadas.

Pero gracias al «error» de hoy también han habido y habrá miles de familias que van a poder cobrar ese dinero en los bancos. Y con una familia pobre que cene hoy, con una familia necesitada que llene la refri hoy, con una familia que compre sus medicinas hoy, será menos pesado ese error.

Y el último error es de nosotros como alguien privilegiado de tener acceso a internet, a informarnos…. y de no tener empatía por la gente que no tiene acceso a esos recursos. Cuántos llegaron hoy porqué nadie le ayudó a buscar su DUI en la página, porqué no nos unimos como país en buscar hacer un mínimo favor a los demás.

Si hoy fue por $300 pesos, se imaginan las imágenes que vamos a ver cuando estemos todos enfermos y peleemos por entrar a un hospital, por meter a nuestros papás, a nuestras madres, a una pareja, a un hijo, a un hermano, a una hermana, a un amigo. Eso no es que el Gobierno nos venda miedo, es que sí debemos de tener miedo. Miren las caras de cansancio, de miedo, de impotencia del personal médico que sale en esas fotos.

Hoy hubo un error, sin duda. Pero no de una persona, pero no del Presidente, sino de todos… incluyéndome.

Los que nunca se equivocaron fueron toda ese gente pobre, hambrienta y desesperada. Ellos no. Nosotros nos equivocamos con ellos.

P.D

Las imágenes fueron tomadas del periódico ABC de España. De un «hospital» de emergencia en Madrid.

Christian Guevara es un ex periodista y publicista, especialista en campañas digitales en toda Latinoamérica.

Fue uno de los confundadores de la primera agencia de publicidad digital de El Salvador. Es también miembro de Nuevas Ideas.

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