El proceso de paz en Marruecos y la contribución de Centroamérica - Diario Digital Cronio de El Salvador
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El proceso de paz en Marruecos y la contribución de Centroamérica

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El 30 de abril pasado, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) enfocó nuevamente el Sáhara Occidental y el plan de autonomía presentado por el Reino de Marruecos el año 2007 -el cual ha sido calificado con anterioridad como una propuesta “seria, realista y creíble” por la comunidad internacional- de tal suerte que emitió la Resolución 2498 (2019) para prorrogar así por seis meses -hasta el 31 de octubre del presente año- el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO).

Esta importante Resolución ocurrió siete días después de que, en Ciudad de Guatemala, los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), junto al Secretario General, Vinicio Cerezo, y la Secretaria de Estado de las Relaciones Exteriores y de la Cooperación Internacional de Marruecos, Mounia Boucetta, suscribieran un Memorando de Entendimiento que permitirá el establecimiento del Foro de Diálogo Político y de Cooperación entre los países del SICA y Marruecos.

El acuerdo permitirá mayor intercambio de información y coordinación de la cooperación marroquí con los países del SICA. “Es un momento histórico para el Sistema y estamos seguros de que este paso fortalecerá los lazos de amistad política y colaboración entre nuestros países, así como estrechar la cooperación de ambas partes en el marco del proceso de la integración centroamericana”, afirmó Cerezo.

Marruecos ha reforzado sus relaciones de amistad y cooperación con Centroamérica desde que instaló el año 2011 su primera embajada en Guatemala, la cual es concurrente ante El Salvador. El 2014, Marruecos fue admitido, por unanimidad, como Observador Extra-Regional del SICA. Un año después, las dos cámaras legislativas de Marruecos ingresaron como Observador Permanente en el Parlamento Centroamericano. Y ahora se profundiza la relación con este Memorando de Entendimiento.

Frente a esta nueva Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué hacer por nuestro socio y cooperante?

EL CONSENSO SOBRE EL PLAN DE AUTONOMÍA

Desde el lanzamiento del plan de autonomía por Marruecos, la propuesta ha ganado el consenso en la comunidad internacional, contando, lamentablemente, con la oposición del Frente Polisario y los vecinos Argelia y Mauritania.

En abril de 2018, con 12 votos a favor y 3 abstenciones, el Consejo de Seguridad llamó al Polisario a retirarse “inmediatamente” de la zona de separación en el área de Guerguerat, al sur del Sáhara Occidental. Repetidamente, el Consejo de Seguridad ha condenado los avances armados del Polisario.

Ciertamente, el Polisario ya no es la organización de los 70s, 80s, cuando impulsó el reconocimiento a una “República Árabe Saharaui Democrática”. En fecha reciente, Marruecos ha denunciado los lazos del Polisario con Irán y Hezbollah (milicia pro-iraní en El Líbano). Esta denuncia, junto con el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Irán, arribó a Washington D.C. El 29/09/18, los congresistas republicanos Joe Wilson y Carlos Curbelo junto con el demócrata Gerry Connolly, presentaron un proyecto de ley que reafirma la relación entre Estados Unidos y Marruecos, condena la colusión entre el Polisario y Hezbollah, y las finalidades desestabilizadoras de Irán en el Norte de África y en otras regiones. “El Reino de Marruecos fue la primera nación en reconocer a los Estados Unidos en 1777 y sigue siendo un aliado estratégico importante y un socio por la paz en el Oriente Medio y en el Norte de África”, afirmó el congresista Wilson.

El proyecto de ley califica al Polisario como “una organización terrorista financiada por Irán” al tiempo que reafirma el apoyo al plan marroquí de autonomía, calificándolo de “serio, creíble y realista” en términos de constituir “un paso adelante con el fin de satisfacer las aspiraciones de las poblaciones del Sáhara a gestionar sus propios asuntos en paz y dignidad”. El texto llama al presidente Donald Trump, al Secretario de Estado, Mike Pompeo, y a la representación estadounidense en la ONU, a apoyar los esfuerzos de la ONU por un arreglo pacífico al conflicto en el Sáhara.

La propuesta marroquí desde el año 2007 no ha sido vetada dentro del Consejo de Seguridad por potencia alguna. Esta nueva Resolución del 30 de abril fue aprobada por 13 votos registrándose la abstención de Rusia (permanente) y Sudáfrica (alterno). Francia, potencia que ocupó militarmente Marruecos y el norte de África, reiteró que el plan de autonomía de Marruecos debe considerarse como base de negociación para la solución del conflicto. “Me gustaría aprovechar esta oportunidad para reafirmar que Francia considera el plan de autonomía marroquí como una base seria y creíble para las negociaciones destinadas a alcanzar una solución política definitiva a la cuestión del Sahara”, señaló la representante adjunta francesa ante la ONU, Anne Gueguen.

Por su parte, los representantes de Costa de Marfil y Guinea Ecuatorial, miembros alternos del Consejo de Seguridad, también respaldaron el plan de autonomía presentado por Rabat al que calificaron como “un esfuerzo realista, viable y creíble”. Al mismo tiempo, destacaron el imperativo de respetar la soberanía e integridad territorial de Marruecos.

La resolución del Consejo de Seguridad destaca el papel de Argelia y Mauritania como actores en el diferendo y les demanda su contribución positiva en la búsqueda de una solución en la mesa de negociaciones con Marruecos. Mauritania tiene adyacencia geográfica con Marruecos y Argelia, y consanguíneos con la población saharaui y otros grupos étnicos en el Sáhara Occidental, pero en general su papel en el conflicto ha sido de “neutralidad”, si bien en algunos momentos Mauritania ha roto comunicación con el Polisario y nunca ha permitido una representación en su capital Nuakchot.

El papel de Argelia, al contrario, ha sido crucial en el conflicto no sólo por el apoyo político y financiero del gobierno militar a la dirigencia del Polisario y que en su territorio se localizan campamentos de refugiados saharauis, sino también porque, hoy día, experimenta una transición cuyo motor son las multitudinarias manifestaciones en la calle que forzaron la dimisión de Abadelaziz Bouteflika, entronizado gobernante desde 1999 quien, a sus 82 años y gravemente enfermo, se había presentado a su quinta reelección.

Las multitudes en las calles desconfían de los militares aliados de Bouteflika que han tomado el poder, a pesar que ya se estableció el 4 de julio próximo como la fecha para elecciones presidenciales. Los manifestantes y la sociedad civil reclaman que se construyan instituciones dedicadas a una verdadera transición política, y no a la extensión del régimen autoritario sólo que sin Bouteflika. “El pueblo es más grande que la Constitución”, se ha leído en las mantas y carteles de los ciudadanos. Para los manifestantes, las elecciones del 4 de julio no pueden ser libres ya que están siendo organizadas por las instituciones y personalidades heredadas de 20 años de poder de Bouteflika, marcados por comicios fraudulentos. Esta presidencial es “legal pero no legítima”, sentenció Louisa Dris-Aït Hamadouche, una reconocida politóloga de la Universidad de Argel.

Cabe esperar que esta misma transición política se traduzca en un viraje positivo para las negociaciones hacia la autonomía del Sáhara Occidental. El territorio argelino, especialmente la región de Tinduf, ha sido huésped de miles de refugiados saharauis desde hace 40 años. A estas alturas, la ONU estima que alrededor del 60 % de la población saharaui refugiada es menor a los 30 años, es decir, nacieron en los campamentos. Cientos de estos jóvenes se han beneficiado de medidas de confianza supervisadas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde el año 2004, entre ellas el establecimiento de vuelos comerciales entre Tinduf y el Sáhara marroquí propiciando así el reencuentro de familias separadas por el conflicto. 

Organizaciones no gubernamentales africanas han condenado, los últimos años, el desvío por el Polisario, en complicidad con funcionarios de Argelia, de la ayuda humanitaria que debe llegar a los campamentos en Tinduf. Esas organizaciones insisten en la demanda, hecha también por el ACNUR, para que Argelia deje de oponerse a la identificación y censo de las poblaciones de esos campamentos a fin de cuantificar de forma realista la ayuda humanitaria que se les asigna. Han denunciado, igualmente, la malversación financiera y el desvío de alimentos y medicamentos que son vendidos en el sur de Argelia, en Mauritania y hasta en Mali.

Los refugiados en Tinduf sobreviven, en gran medida, gracias a la cooperación internacional que por momento decae debido a que debe enviar fondos para asistir a refugiados generados por otros conflictos. En las proximidades, Marruecos prosigue con la ejecución de la autonomía del Sáhara. El 2015, fueron electas, bajo supervisión internacional, autoridades regionales y municipales las cuales cuentan con un presupuesto quinquenal para el desarrollo de alrededor de US$ 8 mil millones.  Estas elecciones contaron con una participación del 79% de la población. Los proyectos de desarrollo que se ejecutan están orientados a facilitar el retorno a Marruecos de los refugiados, de conformidad al Derecho Internacional.

Marruecos ha expuesto en la ONU evidencias de que en los campamentos en Tinduf la situación se agrava para los refugiados quienes, por diversos medios, han expresado su descontento ante restricciones impuestas por el Polisario que habría llegado a desplegar hasta vehículos blindados para mantener el control sobre los campamentos. Es de esperar así que florezca la primavera democrática en Argelia y ella facilite una reorientación de su política exterior en términos de su colaboración efectiva en las negociaciones para alcanzar la autonomía del Sáhara Occidental.

¿HACIA UN SOLUCION DURADERA?

Centroamérica no posee los recursos naturales de Argelia, ni por cerca. En el otro ángulo, la evolución democrática desde finales de los ochenta en Centroamérica, aún sin una plena reconciliación dentro de cada país y entre los países, nos coloca a los centroamericanos en una mejor posición institucional con todo y el déficit de desarrollo atribuido a la corrupción que cada día se combate con mayor fuerza y determinación.

La riqueza del gas natural y el petróleo se la han repartido los militares, los empresarios y los líderes políticos afines al régimen de Bouteflika. Al gasto militar se destina el 10% del PIB lo que representa la mitad de lo que gasta todo el continente, convirtiéndolo en el mayor importador de armas de África. Argelia, miembro de la OPEP desde 1969, ha caído en la incapacidad para producir su cuota por la falta de inversión en su industria petrolera. Aunque posee la décima reserva de gas natural más grande del mundo y las terceras de gas de esquisto, no capta inversión extranjera pues el Estado retiene el 51% de la propiedad de los proyectos. Por ello, las exigencias ciudadanas por democracia en el corto y largo plazos son determinantes incluso para rescatar a Argelia del desastre económico y productivo. “El mantenimiento del estatus quo ya no es viable”, explicó Dalia Ghanem, investigadora argelina del Carnegie Middle East Centre en Beirut.

Desde Centroamérica, vemos con claridad los obstáculos para la pacificación del Sáhara Occidental. No fueron en balde los conflictos armados, y la turbulencia político-militar articulada con la Guerra Fría, que padecimos por décadas. Así se plasmó en el Protocolo de Tegucigalpa de 1991: “El SICA tiene como objetivo fundamental la realización de la integración de Centroamérica, para constituirla como Región de Paz, Libertad, Democracia y Desarrollo” (Art. 3).

El SICA debe respaldar como bloque de ocho naciones la Resolución del Consejo de Seguridad del 30 de abril en todos sus puntos, no sólo por ser Marruecos nuestro socio sino también por la paz en África y el mundo. Debe el SICA sumarse al respaldo internacional para el plan de autonomía presentado responsablemente por Marruecos desde el 2007 y llamar al Polisario a una rectificación histórica por la población saharaui que dice aún representar, igualmente a Argelia confiando que arribe a ese país “la primavera democrática”.

Aquí tiene un tema relevante de política exterior el nuevo Gobierno de El Salvador 2019-2024, en varias vías. El presidente Nayib Bukele, quien asumirá la presidencia semestral del SICA a finales de junio próximo, desde la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, puede invitar a sus homólogos a brindar el respaldo político y diplomático a la Resolución del Consejo de Seguridad, respaldo que contribuiría a robustecer el nuevo nivel de diálogo y cooperación con Marruecos tras la firma del Memorando de Entendimiento. Por otra parte, en la Asamblea General de la ONU, el Gobierno de El Salvador puede expresar este apoyo en nombre del SICA, potestad que le brinda dicha presidencia pro témpore pues a una voz elevaría una posición común regional en el foro planetario.

Finalmente, a título nacional, pues constitucionalmente dirige las relaciones exteriores, el presidente Bukele puede declarar su respaldo a la Resolución. El fortalecimiento de la relación bilateral El Salvador-Marruecos es importante por igual, en aras de facilitar las inversiones desde Marruecos en ámbitos comunes como el turismo, la migración y la lucha contra el cambio climático en los que Marruecos es líder internacional. Una visita oficial a Rabat dinamizaría, sin duda, la relación bilateral.

Ciertamente, la causa de la paz de Marruecos y el Sáhara Occidental es a la vez causa para la paz del planeta -en el marco de las Naciones Unidas- así como la paz, la seguridad, la democracia y el desarrollo siguen constituyendo motivo de cooperación y solidaridad de la comunidad internacional con Centroamérica.

Artículo de Opinión: Doctor Napoleón Campos.

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COVID-19 e integración regional. Marruecos y África ejemplo para Centroamérica

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El COVID-19 es un fenómeno que desbordó la salud pública para configurarse como el factor dinámico que -para mal y para bien- está cambiando tanto las relaciones internacionales como la economía global.

El COVID-19 ha recibido, aún en bloques de naciones con profundo arraigo como la Unión Europea (UE), una respuesta fundamentalmente nacional. Mientras en Hungría el primer ministro Viktor Orban aprovechó la crisis sanitaria para concentrar más poder unipersonal en contracorriente de los principios y valores democráticos de su país y la UE; en Suecia, se apeló a la educación del pueblo para balancear las medidas sanitarias con las libertades individuales, y nunca sometieron a cuarentena a la población; mientras Italia, Francia y España, experimentaron la mayor cantidad de muertes desde la Segunda Guerra Mundial, sufrimiento extremo al que se sumó el Reino Unido un mes después. De hecho, cuando escribimos estas líneas, los tres países mediterráneos alcanzan un alivio por fin en sus cifras de muertes y nuevos contagios, en contraste con el Reino Unido que recorre el tramo ascendente de la crisis con el antecedente de su primer ministro hospitalizado por COVID-19.

Los efectos de la pandemia -en Asia, África, y América Latina y el Caribe- también han sido heterogéneos, pero en el curso de la emergencia se observan indicadores comunes sobre los cuales reflexionaremos en este artículo.

Wuhan está localizada en el centro de la vasta región sureste. Su posición es privilegiada y así lo exhibe la historia china tanto por su ubicación en la cuenca del Río Yangtzé (“el Gran Río”) como por su recorrido de más de 900 kilómetros hasta Shanghai y el Océano Pacífico. La transición china de economía emergente a potencia económica globalizada, con los terribles saldos medioambientales por todos conocidos, envolvió a Wuhan para bien y para mal. Por ello, la propagación del coronavirus estaba asegurada por la conectividad global del Siglo XXI pero China hizo muy poco o casi nada para su contención, por el contrario, ocultó la existencia de este nuevo virus hasta que las muertes en Wuhan desbordaron el control político del Partido Comunista y el silencio que había mantenido el director de la Organización Mundial de la Salud (Napoleón Campos, El Diario de Hoy, “Coronavirus. Historia y Globalización”. 04/03/2020, p. 17) El debate sobre su origen -si natural o en laboratorio- está ya abierto y difícilmente será zanjado por China ante la demanda tanto de investigaciones desde Australia pasando por Europa hasta Norteamérica como de reparación ante la recesión económica mundial.

Curiosamente, las naciones en el vecindario chino no han sido las más afectadas por el COVID-19. La frontera entre China y Corea, antes de la división entre Norte y Sur durante la Guerra Fría, era de casi 1,500 kilómetros. Corea del Sur, viejo amigo y cooperante de Centroamérica, se ha erigido como ejemplo en el combate anti-coronavirus: para mayo no registra ni fallecidos ni nuevos contagios. En la India, el país más poblado del planeta después de China (la frontera entre India y China es de más de 3 mil kilómetros), donde se registró el primer contagiado tan pronto como el 30 de enero y se temió lo peor, al 5 de mayo el coronavirus está relativamente contenido pues los contagiados confirmados son de 47 mil, con casi 13 mil recuperados y tan sólo 1,600 fallecidos. El primer ministro, Narendra Modi, manifestó el 27 de abril que la economía del país se encontraba en “buen estado” y pidió que se extendieran las medidas de restricción de movimientos por el coronavirus en los principales focos de contagio del país. “No existe motivo alguno para preocuparse por la situación económica”, dijo Modi. Insistió en que el confinamiento podía ser levantado en algunas regiones. Modi solicitó a las autoridades de las diferentes regiones a preparar un plan de retorno a la “normalidad”.

En América Latina y el Caribe (ALC), nuestro hermano centroamericano, Costa Rica, está por ponerle fin a la pandemia. Costa Rica es refugio de miles de nicaragüenses que huyen de la tiranía de Daniel Ortega; su proeza sanitaria es de aplaudir por haber conquistado un balance nada fácil entre población residente y un flujo de refugiados a mediana escala. Al 4 de mayo, ALC registran alrededor de 280 mil contagiados y 15 mil fallecidos la mayoría en Brasil (más de 8 mil muertes) seguido por México (2,271) y Ecuador (1,569). Las cifras son relativamente bajas en comparación a EEUU y Canadá en contagios y fallecidos. En las Américas, a ALC -con una población de 650 millones de habitantes, el doble de la de EEUU- corresponden tan sólo el 17 % de contagios confirmados y el 8 % de los fallecidos. Lamentablemente, al igual que en la UE, a pesar de los esquemas de integración regional y hemisféricos, la respuesta ha sido nacional como ya señalamos punteando Costa Rica como la salida más exitosa ante la crisis sanitaria.

En África, un continente con 1.3 mil millones de habitantes (el doble de ALC), los liderazgos históricos se han expresado también ante la pandemia robusteciendo, afortunadamente, la integración regional. El rey de Marruecos, Mohamed VI, lanzó el 15 de abril una propuesta a los mandatarios africanos para combatir la pandemia de manera conjunta y coordinada. El monarca marroquí alentó a configurar un cuadro operativo para la gestión concertada durante el curso del coronavirus. “Se trata de una iniciativa pragmática y orientada hacia la acción que permita que se compartan las experiencias y buenas prácticas con vistas a hacer frente al impacto sanitario, económico y social de la pandemia”, recogió un comunicado oficial de Marruecos.

La iniciativa del Rey Mohammed VI fue calificada como “no solo práctica y realista, sino también inclusiva y de sentido común” por el Vicepresidente Ejecutivo de la Academia Diplomática Africana, Mohamed H’Midouche. El enfoque participativo, que sustenta esta iniciativa, se fundamenta en los métodos de gestión más modernos, subrayó H’Midouche: el intercambio de “mejores prácticas” y la adopción de un enfoque de gestión basado en los resultados (incluidos los indicadores de desempeño), los cuales facilitarán el monitoreo y la evaluación de la matriz de acciones a ser aprobadas y adoptadas por los Jefes de Estado africanos en las próximas semanas.

El 20 de abril, la entidad legislativa de la Unión Africana (UA), el Parlamento Panafricano (PAP), con sede en Sudáfrica, saludó la iniciativa del monarca marroquí y destacó la trascendencia de compartir los conocimientos y la tecnología para enfrentar el COVID-19. La UA es la entidad hemisférica de África (el equivalente de la OEA). De hecho, los términos de inclusión y sentido común contenidos en la iniciativa del Rey de Marruecos están siendo ejecutados a cabalidad por el mismo Centro de Control de Enfermedades de la UA, con sede en Etiopía; sirva de ejemplo la fase de ensayos clínicos del té de hierbas patentado por el gobierno de Madagascar cuya base es la Artemisa (Artemisia Vulgaris) utilizada tradicionalmente para la cura del paludismo. El gobierno de Madagascar reporta ahora que el té es efectivo para curar y prevenir el coronavirus tras siete días de consumo. El té es distribuido masiva y gratuitamente, y goza de la aceptación entre los 27 millones de habitantes de la isla que reporta tan sólo 151 contagios y ningún fallecido.

Al 4 de mayo, los 55 Estados miembros de la UA registran casi 50 mil casos confirmados de contagio por COVID-19 y 2 mil fallecidos. Para quienes pensaron que el relativo subdesarrollo de no pocos países africanos iba a desembocar en una mortandad, las cifras como vemos son alentadoras: el gigante poblacional, Nigeria, de 200 millones de habitantes, a la fecha registra 2,800 contagios y menos de 100 fallecidos; el otro gigante, Sudáfrica, de 60 millones de habitantes, reporta casi 8 mil contagios y 138 fallecidos.

Como ya lo he señalado en otras de mis publicaciones en CRONIO, Marruecos, con una población de 37 millones, comparte con nosotros temas y problemáticas de interés nacional, regional, y mundial, al tiempo que Marruecos es socio extrarregional del Sistema de la Integración Centroamericana. Si bien en su territorio se registran, a la fecha, 5,200 contagiados confirmados, los fallecimientos son menos de 200, sin embargo, como lo anunció el 24 de abril su Ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, al menos 341 marroquíes han fallecido en el exterior por coronavirus fundamentalmente en países de Europa. México reportó, oficialmente el 29 de abril, que 567 de sus connacionales habían muerto en el mundo por COVID-19 (2,271 fallecidos en territorio mexicano). A finales de abril, los países del “Triángulo Norte” reportaron como connacionales fallecidos en el exterior por COVID-19: El Salvador, 122 (13 en territorio nacional); Guatemala 64 (19 en territorio nacional), y Honduras a 39 (83 en territorio nacional). Debemos reconocer que las diásporas han puesto su cuota de sacrificio ante la pandemia.

La iniciativa de integración regional y combate al COVID-19 del Rey de Marruecos para África daría positivos frutos en Centroamérica donde ha predominado la lógica de “sálvese quien pueda”. Frente al éxito de Costa Rica destaca, lamentablemente, la tiranía de Daniel Ortega en Nicaragua. El 7 de abril, la directora de la Organización Panamericana de la Salud expresó la preocupación de su organización “por la respuesta al COVID-19 que se ve en Nicaragua”. Consideró “inadecuados la prevención y el control del COVID-19 en Nicaragua”. En El Salvador, a los errores en la aplicación de las medidas sanitarias como los primeros “albergues” donde confinaron viajeros de todos los orígenes que arribaban al aeropuerto internacional Oscar Arnulfo Romero, las aglomeraciones propiciadas por el propio gobierno el 30 de marzo para recibir un bono de US$ 300 y las decisiones penitenciarías hacinando aún más a los presos en las cárceles, se suman los irrespetos al Estado de Derecho, a la Independencia Judicial, a la Separación de Poderes y a la institucionalidad democrática. Un deterioro jurídico y político no visto en El Salvador desde la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992.

Como si la crisis sanitaria no fuera suficiente, los países centroamericanos enfrentan la caída de las remesas que envían los paisanos desde el exterior junto al desplome de su productividad nacional y de las exportaciones demandadas desde EEUU por el shock en el consumo y la destrucción de empleos (30 millones de solicitudes para beneficio por desempleo había recibido el gobierno estadounidense a finales de abril, un indicador de la recesión en curso siendo del 4.8% la caída del PIB). Honduras reporta entre el 13 de marzo y el 13 de abril una baja en las remesas del orden del 43%. Los bancos centrales de El Salvador y Guatemala reportan disminuciones intermensuales de febrero a marzo del 3% y el 8%, respectivamente. El desplome se profundizará de abril-mayo en adelante.

Las remesas juegan el doble rol: evitan que miles de familias caigan en la pobreza y sacan de la pobreza a miles de familias más. Su disminución, en este contexto de vulnerabilidad, se traducen en hambre entre la población. Y de agudizarse el hambre habrá más migrantes -seguramente hasta nuevas caravanas- hacia el norte del continente. De hecho, la última caravana salió de Honduras apenas el 1 de febrero pasado. Estos factores son claves en la ecuación política que esperamos de cada gobierno, y de la región centroamericana en su conjunto, para la reconstrucción post-coronavirus. De no hacerlo, se precipita una crisis humanitaria no vista desde las guerras civiles del siglo pasado que desbordará los daños por la pandemia.

Una última reflexión.

Cuando se inicien las vacunaciones masivas a finales del 2020 y principios del 2021, el COVID-19 será una página por pasar en la historia de cada uno, de cada familia, de cada colectividad. El COVID-19, para entonces, habrá causado cientos de miles de muertes y millones de contagios, y millones más padecerán traumas emocionales por las pérdidas sufridas y las cuarentenas forzosas, si bien a la larga los daños serán limitados y acotados, y el mundo entero estará mejor preparado para futuras epidemias. Pero, el futuro no estará cifrado allí sino en las heridas para la convivencia ciudadana sobre todo en los países donde se respondió a la crisis sanitaria con autoritarismo, con violaciones a los Derechos Humanos, y sin audacia política. Estas heridas tardarán muchos años en sanar.

Por Napoleón Campos.

Especialista en Temas Internacionales.
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Christian Guevara: “El Salvador debe de apostar por nuevas industrias después de esta crisis”

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El efecto que está teniendo el COVID-19 sobre la economía mundial no tiene precedentes. Después de los miles de infectados y personas fallecidas, lo otro que lamentaremos por largo tiempo serán los millones de empleos perdidos, emprendimientos cerrados y empresas en la quiebra.

 En El Salvador, el impacto será el equivalente a los primeros años de la Guerra Civil de los 80, cuando se destruyó toda la infraestructura productiva del país. Y en el mundo, según el BID, la catástrofe podría alcanzar a la Gran Depresión del siglo pasado. Así de severo.

Pero no todo está perdido, y aunque el escenario pareciera ser apocalíptico, se han presentado muchas oportunidades por las crisis del Coronovarius que debemos de aprovecharlas como país:

– La repentina “tecnologización” de miles de empresas.

– La consolidación de las redes sociales como fuente primaria de información.

– La asunción del “comercio electrónico” como principal canal de venta.

– La apuesta por nuevas industrias y mejores empleos.

El coronavirus ha tenido más éxito obligando a tecnificarse a miles de empresas que se resistían en hacerlo. Muchas de esas empresas no van a sobrevivir a la crisis, porque se negaron a adoptar la Cultura Digital cuando tuvieron tiempo de hacerlo, y muchas de las empresas que creyeron en adoptar herramientas tecnológicas van a sobrevivir y, posiblemente, mejor adaptadas a un entorno más adverso, van a tener oportunidades de consolidarse y crecer.

Durante más de 10 años prediqué sobre la importancia del Comercio Electrónico y lo que escuché fueron muchísimas excusas para no hacerlo: que la logística, que no habían suficiente mercado con tarjeta de crédito, que al salvadoreño le gusta ver lo que compra. Si esas empresas hubieran emprendido el comercio electrónico hace un par de años al menos, muchas de ellas hubieran logrado mantener operaciones durante estos días. Pero no lo hicieron. Y ahora lo que hay es muchos locales con rentas altísimas cerradas, personal encerrado en sus casas pero desembolsando planillas.

Ahí está el almacén más grande y reconocido del país tratando de repartir en línea. Pero no dan abasto y lo que tienen ahora son miles de clientes insatisfechos. Hace años ese almacén tuvo que haber cambiado su estrategia de estar manteniendo sucursales en toda la región, en lujosos centros comerciales, a tratar de ser el Amazon regional. Aún es tiempo.

Cuántos call center pudieron tener un verdadero plan de contigencia con trabajo remoto desde la casa pero se opusieron, porque su plan para toda la vida fue el de tener personal marcando tarjeta.

Otra oportunidad es que por fin podemos dejar la reunionitis atrás. Cuántas llegadas tardes, horas perdidas en el tráfico, galones de gasolina quemados, todo porque no podemos bajar una app de video conferencias.

Zoom reportó que ha pasado de tener 10 millones de reuniones simultáneas en diciembre y 100 días después ha llegado a 200 millones. Es decir, durante el año pudimos haber evitado esto, especialmente la Cultura Gubernamental que hemos heredado, tan dada a desperdiciar el tiempo en burocracias. Hay que apostar por desperdiciar miles de horas hombre en el bus o en el carro y transformarlas en horas productivas.

Y, finalmente, hay que apostar por nuevas industrias o reconvertir algunas de las que hay. Este país heredó una mentalidad del “salvadoreño trabajador” destinado a trabajar en maquilas. Este es un modelo que sólo beneficia a unos pocos, en la práctica ese trabajo no es nada más que largas horas con esfuerzos físicos agotadores y malas pagas. Esa “cultura de maquila” podría ser positiva y tener un impacto considerable si apostamos por tener granjas de creación de apps, de productos de desarrollo web, de atención en línea, etc.

Las posibilidades son ilimitadas. Por ejemplo, porqué seguir apostando por el café después de un siglo haciendo lo mismo, cuando ya el mercado internacional no es favorable para nuestros cultivos. Seguimos viviendo de viejas glorias cuando podemos apostar por nuevos cultivos que están dejando millones de dólares en ganancia: como la Cannabis para uso medicinal.

El mercado mundial del Cannabis Medicina tendrá un valor en 2025 de 75 mil millones de dólares, porque ya se está legalizando en todo el mundo. ¿Porqué El Salvador no puede cambiar el café por el Cannabis si tenemos miles de manzanas ociosas, un clima privilegiado y excelentes tierras volcánicas y generar miles de empleos de calidad sólo por mantener un tabú injustificado?

Como dijo atinadamente el Ministro de Hacienda, “El Salvador no tiene oro ni petróleo, pero tiene el factor más importante: NUESTRA GENTE, trabajadora y luchadora”.  Por lo tanto, sería un error aspirar a estar feliz con regresar a las cifras antes de la crisis, eso sería apostar por la mediocridad.

Nuestra apuesta es ver esto como una oportunidad para transformarnos radicalmente como país y aspirar ser el Singapur de Latinoamérica, pequeños y sin recursos pero con bonanza económica. Y la única manera es creyendo que El Salvador debe de apostar por nuestras industrias después de esta crisis. Esto, a pesar del enorme dolor, es una oportunidad, no la desaprovechemos.

Christian Guevara es un ex periodista y publicista, especialista en campañas digitales en toda Latinoamérica.
Fue uno de los confundadores de la primera agencia de publicidad digital de El Salvador. Es también miembro de Nuevas Ideas.

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El hambre aprieta más por la pandemia: “Por favor, me regala cinco centavos…”

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De nuevo, los más vulnerables son las primeras víctimas en tiempos de crisis. En San Salvador, ha surgido un nuevo fenómeno: personas, sobre todo mayores, con vasitos plásticos en mano pidiendo ayuda a todo el que pueden.

Su tarea no es nada fácil con esta emergencia. Por una parte, se rebuscan para sobrevivir, pero corren el grave riesgo que al no justificar su permanencia en la calle sean enviados a cuarentena.

Solo en la capital, millares pasaron del empleo por cuenta propia a la inactividad total. Y tras esos miles hay familias, algunas veces numerosas y con enfermos, que ahora sufren de manera directa las secuelas económicas de la pandemia.

Hace unos días alguien tocó a la puerta. Era una sexagenaria, estatura pequeña, piel curtida, pelo cano recogido en moño. Su enorme delantal de tres bolsas, con revuelos en blanco, la delató como posible vendedora.

“Por favor, me regala cinco centavos…”, dijo de una manera suave, amable, mientras extendía en su mano derecha un vasito de plástico celeste.

No demostró estar en condición de calle. Su camiseta amarilla de cuello redondo y su falda gris, por supuesto su enorme delantal, todo estaba muy limpio.

Tras recibir la ayuda, se retiró agradeciendo. “Voy de puerta en puerta”, comentó.

El hambre aprieta más por la pandemia y esto se evidenció con creces el pasado lunes cuando miles y miles abarrotaron los CENADE en busca de la ayuda ofrecida. Esto, sumado a los testimonios de quiénes, tras contar sus desgracias personales y familiares en la televisión, se topaban con la amarga noticia de no ser beneficiarios con los $300.

Que si fue el mejor sistema de entrega. Que si hay trasfondo político… Cada quien responderá lo que considere “apropiado”.

Lo inequívoco es que nuestra gente ha sufrido y sigue sufriendo. No veo a los grandes comerciantes, empresarios y restauranteros, por no decir más, obsequiando comida o productos de primera necesidad (o quizá ya llevaron su aporte al Centro de Acopio Nacional en CIFCO).

En California, Estados Unidos, ya hay un grupo de restauranteros latinos cocinando todos los días para obsequiar a quien lo necesite. A diferencia de nuestro país, allá los pobres tienen carros y las filas de vehículos para recoger un poco de comida parecen interminables. ¿Y aquí?

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