Conoce lo que el desorden de tu habitación dice de ti - Diario Digital Cronio de El Salvador
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Conoce lo que el desorden de tu habitación dice de ti

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Montañas de ropa trepando por mesas y sillas, libros desperdigados por rincones aleatorios y camas tan deshechas que parece imposible poder dormir en ellas. O todo lo contrario: armarios que parecen dictaduras, discos organizados por orden alfanumérico y camas sin la más mínima arruga o asimetría. Cada habitación de este bendito mundo es única. Y, como todos hemos oído millones de veces a nuestras madres y como hemos leído miles de veces en artículos de todo tipo, el orden o desorden de nuestras habitaciones dice mucho de nosotros. Aunque con matices.

“La forma que tenemos de relacionarnos con nuestra habitación expresa cómo tendemos a lidiar con las prioridades y eventos de la vida. Sin embargo, resulta difícil distinguir un tipo de personalidad asociada a este comportamiento porque en psicología rara vez un rasgo o comportamiento proviene de un único origen”, explica el psicólogo humanista Gerardo Castaño. Es decir, que nuestro cuarto habla de nosotros, pero no es un espejo fidedigno e inequívoco de nuestra alma. No sirve para reducirnos a unos cuantos adjetivos.

Caos y creatividad
La tendencia al caos, por ejemplo, habla de personas muy ocupadas mentalmente, pero no necesariamente hipercreativas como nos han repetido. “La imagen del científico imaginativo que anda despistado y con todo desordenado a su alrededor es un cliché acertado, porque si trabajas en mil ideas no tienes tiempo para centrarte en el espacio físico. Pero también puedes descuidar el orden de tu entorno porque seas una persona muy neurótica con mucho ruido en la cabeza, con muchos bucles de pensamientos rumiativos y ansiógenos”, comenta Castaño.

Y la tendencia al orden hablaría de personas muy meticulosas y perfeccionistas, pero no necesariamente escasas de creatividad. Porque, como dice el psicólogo, “también se puede ser creativo desde el orden, el método y la organización”. Como ejemplo, los escritores Charles Dickens o Mario Vargas Llosa, dos de los mejores literatos de la historia. Ambos estaban obsesionados con que todo estuviese escrupulosamente ordenado a su alrededor antes de ponerse a escribir. Así que un mito menos.

Desorden extremo y orden extremo
Ya nadie podrá tacharte de cuadriculado mental por tener el cuarto como una iglesia ni de impulsivo irracional por tenerlo como un jeroglífico egipcio. Somos más complejos que eso. Tanto que podríamos hablar de distintos tipos de desorden. ¿O no has oído nunca eso de “sí, mi cuarto está desordenado pero sé dónde está cada cosa”? Pues, según Castaño, “este desorden ordenado habla de falta de interés por llevar un sistema organizativo estético o normativo, mientras que el desorden puro habla de una falta absoluta de interés por la organización”.

En el otro extremo chocamos con el trastorno obsesivo compulsivo por el orden. Si te resulta imposible concentrarte en una actividad porque hay varias prendas de ropa fuera de su rincón asignado o si no concibes acostarte hasta que tu habitación esté impoluta, quizá padezcas esta patología. “Esta obsesión por el orden es un intento de control que no tiene coherencia, pero que si no se lleva a cabo provoca sufrimiento y angustia en quien lo padece. Un comportamiento que hace de cortina de humo sobre conflictos internos muy enraizados en la psique”, apunta el psicólogo.

“Estos conflictos pueden ser no sentirte valioso o merecedor de amor, tener una crítica interna muy fuerte, sufrir una inseguridad muy grande o tener miedo exacerbado ante la incertidumbre, entre otras cosas. Para distinguir el deseo normativo por el orden del patológico solo tienes que hacerte esta pregunta: ¿Qué ocurre si no ordeno mi cuarto ahora mismo? Si tu respuesta interna es ‘tengo que hacerlo’ o ‘me pone nervioso ver las cosas por ahí tiradas’ posiblemente sea patológico”, añade el especialista.

No eres tu habitación
Este problema puede solucionarse con terapia psicológica. El resto de tendencias hacia el orden o desorden de nuestra habitación, las normativas y saludables, pueden cambiar por sí solas a lo largo del tiempo, tal y como explica Castaño: “Es una tendencia variable. Hay momentos en nuestra vida en los que podemos ser más metódicos, porque tengamos una rutina de vida estructurada y tranquila. Y hay momentos en que todo eso cambia debido a acontecimientos estresantes o falta de tiempo”.

Así que quizá la selva que tienes por cuarto se transforme algún día en un paradigma de la colocación y la jerarquía. O todo lo contrario. Pero, ocurra o no, al menos ya sabes que todos esos artículos de la red y todas esas personas que tratan de descifrarte en base a cómo está tu habitación están más que equivocados. Tu cuarto puede dar pequeñas pistas de lo que esconde tu cabeza, pero en absoluto te define. No alcanza a explicarte. Porque eres mucho más que lo que guardan esas cuatro paredes.

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Síndrome de Otelo: Los celos que destrozan tu vida

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Quieres controlarlos. Te llenan de intranquilidad, joden tus relaciones y te transforman en algo que odias profundamente. Los celos remueven y agitan lo más detestable que hay escondido en tu interior: inseguridad, desconfianza, victimismo, rencor, agresividad. La lista es larga y la conoces de sobra. Por eso intentas no sentirlos y, cuando los sientes, tratas de evitar que tomen el poder. Pero lo toman. La tormenta se desata en tu cabeza y pierdes la cordura, tu personalidad se desdibuja. Estás como poseído. Y no tienes ni la más remota idea de cómo acabar con ellos.

 

De dónde vienen

Ojalá pudiera decirse que los celos provienen de una única y aislada razón. Sería más fácil vencerlos. Pero no. Según cuenta el psicólogo humanista Gerardo Castaño, “los celos son un fenómeno psicológico multicausal que puede responder a varias cuestiones simultáneas: haber sufrido infidelidades en el pasado, tener mala comunicación con la pareja o ser alguien inseguro que se siente incapaz de merecer amor hasta el punto de creer que tu pareja está con otra persona porque tú no puedes darle lo que necesita, entre muchas otras”.

Irónicamente, y según el especialista, otro de los posibles motivantes podría ser tu propia capacidad para ser infiel: “las personas con mayor tendencia a la infidelidad suele ser también más celosas, precisamente porque piensan que sus parejas pueden actuar de igual manera”. Sea como sea, infiel o leal hasta la muerte, el carácter multiorigen de los celos hace que no exista ningún perfil psicológico que se libre de ellos. Todos somos susceptibles de sufrir su punzada. Pero no todos los celos son exactamente iguales.

 

Niveles de celos

“Quien padece celos entra siempre en un estado de inquietud y estrés al plantarse la idea de que su pareja pueda estar engañándole o que una tercera persona pueda estar pretendiendo a su pareja. Por tanto, sea cual sea el caso, los celos son un problema. Uno que afecta a las dos partes”, sostiene este experto en psicoterapia psicoanalítica. No obstante, y aunque los celos en sí nos roben la alegría por igual a todos, hay diferentes grados de celos que minimizan o amplifican muchísimo los efectos que tiene esta ingrata sensación en nuestras vidas.

En concreto, y según el psiquiatra argentino Walter Ghedin, existen cuatro variantes diferentes de celos. En primer lugar, los celos que provocan una reacción emocional normal. Los sientes, los dominas y no ponen patas arriba tu mundo. En segundo lugar, y ya bastante venenosos, los celos que provocan una reacción emocional desmedida. Los sientes, te dominan y necesitas la verificación irrefutable de que son injustificados para poder recuperar la paz mental, aunque eso suponga confrontar agresivamente a tu pareja o recurrir a la bajeza del espionaje.

 

En tercer lugar, y aquí entramos ya en territorio oscuro, estarían los celos como rasgo distintivo de la personalidad. Ya no es algo anecdótico o circunstancial, sino la consecuencia de un aspecto identitario que los hace tremendamente desconfiados. Tanto el segundo como el tercer grupo requieren de ayuda profesional, “trabajando la autoestima, las heridas del pasado para que cicatricen y el resto de causas que puedan esconderse detrás”, apunta Gerardo. Y por último, en el cuarto grupo, los celos delirantes: los efectos del llamado síndrome de Otelo.

 

Síndrome de Otelo

También conocido como celopatía, el síndrome de Otelo es un trastorno delirante que conduce a quien lo sufre a creer con total convencimiento que su pareja le está siendo infiel. No importa que no existan razones objetivas. Las paranoias y conspiranoias que experimenta el paciente le llevan a ver lo que su mente necesita ver para reafirmar la historia de que es víctima de la infidelidad. Una forma extrema y peligrosa de vivir los celos que constituye, según el propio Gerardo, una enfermedad mental grave, ya que incluye “alucinaciones químicas”.

La historia de Debbi Wood, apodada por los medios como “la mujer más celosa del mundo”, ha sido uno de los casos más sonados de celopatía. No en vano, esta escocesa obliga a su marido a someterse al detector de mentiras cada vez que vuelve a casa, además de registrar de forma compulsiva sus emails y cuentas bancarias y prohibirle ver fotos de otras mujeres. Una auténtica pesadilla para su pareja, pero también para ella, pues quienes sufren este síndrome ignoran por completo que padecen un problema.

 

El origen de estos celos patológicos resulta del todo desconocido. Lo que sí han descubierto los psicólogos y psiquiatras que se han acercado al síndrome de Otelo, no obstante, es que afecta con mayor frecuencia a hombres que a mujeres, y que podría ser uno de los motivantes tras algunos casos de violencia de género. Sea como sea, con Otelo o no de por medio, los celos son un problema que no tienen por qué destrozar tu vida ni la de quienes la comparten contigo. Puedes trabajarlo. Hay miles de especialistas dispuestos a ayudarte.

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Descubren una larga lista de medicamentos comunes que tiene un alto potencial de causar depresión

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Más de una tercera parte de la población consume medicinas de uso habitual como píldoras anticonceptivas, pastillas contra el reflujo o para las alergias que pueden provocar depresión y pensamientos suicidas, según un nuevo estudio que alerta sobre la situación.

Un buen número de medicinas que se recetan habitualmente en Estados Unidos podrían incrementar el riesgo de padecer depresión, de acuerdo con un estudio publicado el martes en el Journal of the American Medical Association (JAMA).

Este descubrimiento llega solo unos días después de las sonadas muertes del chef y presentador Anthony Bourdain y de la diseñadora Kate Spade y de la publicación de un informe de los CDC que indica que entre 1999 y 2016 la tasa de suicidios aumentó en casi un 30% en este país.

La nueva investigación se basó en las respuestas de 26,000 personas de 18 años o más, consumidores de al menos un medicamento y que participaron en un sondeo de salud a nivel nacional que incluía preguntas sobre su salud mental y uso de medicamentos entre 2005 y 2014. El estudio encontró que el 37% de esas medicinas cuentan entre sus efectos secundarios la depresión y los pensamientos suicidas.

Los efectos de algunos de estos medicamentos, como los beta bloqueadores o betabloqueantes (un producto que se usa para tratar los trastornos del ritmo cardíaco, entre otras cosas) o interferones (que se usan para tratar la esclerosis múltiple) son muy conocidos. Pero los autores del estudio se sorprendieron ante el elevado número de medicamentos en esta lista (más de 200) que tienen la depresión como efecto secundario no deseado, desde las píldoras anticonceptivas hasta los corticosteroides, las pastillas para el reflujo gástrico, algunas pastillas para las alergias y contra el dolor.

Algunos de ellos no necesitan receta médica.
“Ha sido sorprendente y preocupante ver cuántas medicinas incluyen síntomas depresivos o pensamientos suicidas como efectos secundarios, dada la tasa de depresión y suicidios que padece el país”, dijo Dima Mazen Qato, profesora de la Universidad de Illinois en Chicago y directora del estudio.
Qato reconoció que quedan muchas preguntas por resolver en torno a este asunto y que el estudio apunta a una correlación, no una relación causa-efecto. Esto quiere decir que los investigadores no han probado que el uso de estos medicamentos sea la causa del malestar en una persona que antes no lo padecía. Lo que sí que vieron, dijo Qato, es “una preocupante tendencia: cuantas más medicaciones con efectos secundarios tomes de forma concurrente, más alto el riesgo de depresión”.

Entre los pacientes que utilizan una medicina que podría causar depresión (pero que no tomaban ningún medicamento específico para tratar esta dolencia) el 6.9% recibió un diagnóstico de depresión. Entre los pacientes que toman tres o más medicinas que tienen la depresión como efecto secundario, este porcentaje se incrementa hasta un 15.3%. Se estima que el porcentaje de adultos en la población general que sufren de depresión es del 4.7%.

Por otra parte, a lo largo de la elaboración del estudio los investigadores también observaron que la proporción de adultos que toman al menos una medicina que incluye los pensamientos suicidas como efecto secundario se incrementó, desde un 17% al comienzo del estudio hasta un 24% al final.
De acuerdo con el informe publicado la semana pasada por los CDC, el suicidio es la segunda causa de muerte en EEUU en las personas de entre 15 y 34 años. El método más común para quitarse la vida es con el uso de armas de fuego.

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ENTÉRATE: ¿Por qué los adolescentes holandeses son de los más felices del mundo?

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Hace una década el Liceo Groen van Prinsterer, de Holanda, fue una de las 300 escuelas que comenzó el programa Gelukskoffer, que desde entonces ha enseñado clases de felicidad a unos 20.000 menores y se espera que alcance a todos los centros de educación holandeses hacia 2020. Si bien el país es uno de los que siempre se destaca en los rankings mundiales de calidad de vida, asombra que, según una nueva encuesta, hasta en una etapa difícil como la adolescencia sea la nación donde vive la gente más feliz del mundo.

Un reciente estudio sobre las conductas saludables de los jóvenes escolarizados (HBSC, un programa de la Organización Mundial de la Salud), que durante cuatro años investigó a menores en 48 países, volvió a encontrar que los niños y los adolescentes de holanda se destacan en felicidad y bienestar.

“Es un contraste pronunciado con el paisaje en países como Gran Bretaña, donde la depresión y la ansiedad están en aumento entre los adolescentes”, señaló The Guardian al anticipar los resultados de la investigación, que se publicarán más adelante en 2018. También con los Estados Unidos, donde otro informe, de 2010 a 2015, advirtió que la depresión y el suicidio entre las personas de 13 a 18 años aumentaron 33% y 23% respectivamente.

El cuestionario de HBSC constó de 90 preguntas que respondieron 7.000 adolescentes holandeses, por gestión del Instituto de Investigación Social de los Países Bajos. Simone de Roos, quien participó en la realización, explicó al periódico británico: “Los niños holandeses tienen en general interacciones positivas en todos sus ambientes sociales. Tienen un ambiente de apoyo en sus casas, entre sus amigos y también en la escuela”.

Los padres holandeses, agregó, “brindan mucho apoyo y ejercen un control mediano”. Eso genera “un clima igualitario”, que se repite en la escuela, donde “los maestros no son autoritarios sino que aceptan los sentimientos de los alumnos, y los alumnos confían en los maestros”.

Otros factores que, según el análisis, pueden incidir en el resultado de una mayor felicidad es que Holanda se encuentran entre los cinco primeros países donde los jóvenes desayunan en los días de semana y miran televisión por más de dos horas, y entre los últimos cinco países donde los adolescentes tienen sobrepeso e inician la vida sexual antes de los 15. En promedio, sufren menos bullying que los chicos en otros países del mundo. También les resulta más sencillo hablar con sus padres.

Los resultados del HBSC son coherentes con otro estudio, que la Oficina de Estadísticas de Holanda realizó en 2016 sobre 4.000 encuestados entre 12 y 25 años, que ubicaron su nivel de felicidad en 8,4 sobre 10 puntos. Al aplicar el patrón de preocupaciones humanas (una categoría que creó el investigador de opinión pública estadounidense Hadley Cantril), el 94% de los adolescentes varones dijo que de 6 puntos para arriba, y el 92% de las adolescentes.

“Desde luego, el estado general el país ayuda”, observó The Guardian. “En los Países Bajos hay poco desempleo, relativamente escasa desigualdad social y una economía saludable”. Según Ruut Veenhoven, director de la Base de Datos Mundial sobre Felicidad, estos adolescentes sienten menos presión por “ser buenos”.

En comparación con los demás pueblos de Europa, dijo al diario británico, “los holandeses y los daneses son más tolerantes y se concentran más en el desarrollo de la autonomía que en obtener obediencia”. Los menores tienen así más libertad para hacer lo que desean, “y al hacer lo que desean desarrollan una idea de lo que realmente les gusta, y desarrollan habilidades sociales. Un niño feliz puede no ser un niño destacado”.

Dani Karremans, de 16 años, explicó que el bullying no prospera en su escuela, el Liceo Groen van Prinsterer. “Si comparo las cosa con otros países y en especial otras escuelas,se escucha que la gente sufre bullying, a veces serio. Acá uno no ve eso. Si alguien trata de hacerme bullying, lo ignoro. Tengo mis propios amigos con los que me llevo bien. No tengo una ‘imagen social’, ni creo que le tenga que caer bien a todo el mundo”. El muchacho usa Facebook mucho menos que su padre, agregó.

Tjalling Appelhof, de 14 años, cree que la cuestión es simple, dijo al diario británico: “En Holanda somos ricos, muchas de las cosas para chicos están bien organizadas, como la escuela y la salud, y si la gente es pobre tratamos de ayudarla. A lo mejor por eso es que los menores somos felices. Llueve mucho, pero uno se acostumbra”, remató.

 

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