Se demuestra una vez más que Einstein tenía razón - Diario Digital Cronio de El Salvador
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Se demuestra una vez más que Einstein tenía razón

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Una vez más la ciencia confirma la validez de las afirmaciones formuladas por Albert Einstein.

Se trata del efecto “del desplazamiento al rojo gravitacional de la luz por el efecto de un campo gravitatorio intenso”. Todo cuando una estrella pasa junto a un agujero negro supermasivo situado en el centro de la Vía Láctea.

“Sucede que cuando esta estrella pasa muy cerca (del agujero negro), si Einstein tiene razón, la estrella modifica su apariencia. Entonces el tiempo se ralentiza en la estrella y tanto la luz como las ondas que produce cuando se desplaza se distorsionan. La estrella se vuelve más roja por la gravedad del agujero negro”, detalla el astrónomo del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre de Garching (Alemania), Frank Eisenhauer.

Su velocidad era de 25 millones de kilómetros por hora a una distancia de 20.000 millones de kilómetros del agujero negro.

La confirmación ha sido posible gracias al seguimiento realizado de la estrella S2 por los astrónomos del Observatorio Austral Europeo (ESO) situado en el desierto de Atacama en Chile.

“Lo que actualmente esperamos es que quizás en algún momento veremos algo en el centro de la galaxia que no se pueda explicar con la teoría de Einstein. Esto sería realmente apasionante. Porque entonces podemos volver al principio y proponer una nueva teoría”, explica la astrofísica del Observatorio de París, Odele Straub.

Ha pasado un siglo desde que Einstein publicara sus trabajos. La ciencia demuestra que el genio tenía razón.

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ENTÉRATE: Científicos revelan cuál ha sido el peor año para la raza humana

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Científicos de la Universidad de Harvard (Massachusetts, Estados Unidos) sugieren que el peor año para los humanos fue el 536 de nuestra era, que no destacó por sus guerras o pandemias, según refleja un estudio que han publicado en la revista Antiquity.

“Fue el comienzo de uno de los peores periodos para estar vivo”, ha destacado el arqueólogo e historiador medieval Michael McCormick. Esa opinión concuerda con la descripción que realizó Procopio de Cesarea en su informe sobre las guerras contra los vándalos.

Ese historiador bizantino escribió que, durante ese décimo año del reinado de Justiniano, “el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna” y, desde el momento en que comenzó ese fenómeno, “los hombres no estuvieron libres ni de la guerra ni de la peste ni de ninguna cosa que no llevara a la muerte”.

No solo en Bizancio

Una niebla misteriosa y polvorienta bloqueó los rayos solares, provocó que las temperaturas se desplomaran y desencadenó años de caos en todo el mundo: generó que en China nevara en agosto, sequías como la que afectó a la cultura moche en el actual Perú y una hambruna general en todo el mundo debido a las cosechas pérdidas.

Las evidencias que citan estos investigadores sugieren que la culpa fue de diversas erupciones volcánicas catastróficas. Las consecuencias del enfriamiento global que provocaron quedaron reflejadas desde en los núcleos de hielo de la Antártida hasta en los anillos de los árboles de Groenlandia (Dinamarca).

De hecho, este documento indica que en el año 536 se mezclaron cenizas volcánicas y escombros con las capas de hielo y no se observan signos de recuperación económica de esta catástrofe hasta el año 640, más de un siglo después.

Un siglo de desastres

Esos restos indican que se produjo una segunda erupción en 540 que habría prolongado los desastres, mientras que el año siguiente surgió la plaga de Justiniano y todo fue de mal en peor hasta que los restos de plomo en torno al 640 ofrecen una señal de ‘recuperación humana’.

Posteriormente, los picos de los años 660 y 695 indican que el hombre acuñaba monedas de plata, un signo de recuperación económica.

Finalmente, los núcleos de hielo también carecen de contaminación por plomo entre 1349 a 1353, un lapso de tiempo que coincide con la época en que la peste bubónica asoló Europa.

 

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Se desarrolla gel para proteger de intoxicación

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Un equipo de investigadores ha desarrollado un gel que se aplica a la piel con potencial de proteger a los agricultores de los efectos tóxicos de la exposición sistemática a pesticidas.

El gel contiene una fórmula química capaz de desactivar los pesticidas cargados de organofosfato.

Para probar la eficacia del gel, los investigadores expusieron a tres grupos de ratas a los efectos de un pesticida de ese tipo.

El primer grupo estaba formado por ratas a las que no aplicaron el gel, al segundo les pusieron una versión inactiva del gel y las del tercero sí contaban con la protección del gel activo.

Posteriormente analizaron la sangre de las ratas para detectar la presencia de acetilcolinesterasa activa 96 horas después de la exposición al pesticida.

Las ratas tratadas con el gel activo sobrevivieron sin problemas a la exposición al pesticida, pero el resto mostró síntomas de envenenamiento e incluso algunas murieron, de acuerdo con el estudio.

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Vida en la tierra ¿Qué tan antigua es?

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En los años dos mil se daba la fecha de 3.900 millones de años atrás, lo que era verdaderamente notable, puesto que la Tierra se formó hace 4.500 millones de años, de modo que las primeras bacterias se habrían originado solo 600 millones de años después; y esos 600 millones de años fueron un periodo infernal de impactos de enormes meteoritos.

Estas prisas se aliviaron poco después, cuando los fósiles de 3.900 millones de años perdieron su credibilidad: en realidad se formaron por procesos geológicos comunes, sin contribución biológica. Un engaño de las piedras. La fecha más creíble para los primeros fósiles pasó a ser 3.450 millones de años atrás (casi mil millones de años después de la formación de la Tierra).

Y así hasta 2016, cuando el deshielo de Groenlandia permitió a un grupo de científicos examinar algunas de las rocas más antiguas del planeta, con unos 3.700 millones de años.

Los autores concluyeron que estas rocas contenían estromatolitos, unas estructuras geológicas estratificadas que, en su día, se formaron por la actividad de las bacterias, y por tanto se consideran signos de la presencia de vida. Así que se lleva dos años datando el origen de la vida en 3.700 millones de años atrás (800 millones después de la formación del planeta).

Ahora se puede decir que las evidencias más antiguas de vida datan de 3.450 años atrás. En el caso de estos estromatolitos australianos, las pruebas de su origen biológico son mucho más sólidas.

La mayoría de los científicos creen que la evolución de la vida es un fenómeno probable en las circunstancias astronómicas adecuadas, y con la cantidad de soles que hay por ahí (200.000 millones de estrellas solo en nuestra galaxia), y el gran porcentaje de ellos que tienen planetas en su órbita, la hipótesis de que estamos solos en el universo parece cada día más extravagante. Pero la ciencia es esclava del mundo.

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