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19 Jan, 2018
Última actualización: 4:39 PM 19 January 2018

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Sobrevivir y morir en el ISSS

  • Ene 19, 2018
  • Publicado en opinet

Artículo 3.

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”

Declaración Universal de Derechos Humanos.

 

Artículo 25.

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”

Declaración Universal de Derechos Humanos.

Tengo tan presente la primera vez que vi a mi padre Julio Jorge Pinkas internado en una de las salas comunes con otras 20 personas más del Hospital General de Especialidades del Instituto Salvadoreño del Seguro Social . Había tenido un derrame cerebral y su estado era bastante delicado por lo que le informaron a mi madre. Al lado de su cama, un paciente había vomitado y el olor nauseabundo era insoportable. El lugar no tenía ventilación lo cual hacía la situación más deprimente y había una cortina con sangre la cual enrollaron porque no era día de cambio de cortinas. Las enfermeras se miraban cansadas y apáticas. Le pregunté a una sobre el médico que atendía a mi padre y no respondió. Solo me señaló a otra enfermera.

La próxima vez que visité a mi padre me sorprende verlo entubado. Un amigo me había dicho que un pariente de él al ser entubado, hizo que la familia perdiera la esperanza de que saliera con vida del ISSS. Entré en pánico y una profunda depresión. Todavía ahora al escribir sobre este tema me quita la voz y se me llenan los ojos de lágrimas. Mi madre me dice que sumado el tema del derrame y el daño provocado por este accidente cerebrovascular, tenía una neumonía.

Lloré para mis adentro y monté en cólera. La rabia de saber que mi padre moriría por una enfermedad que adquirió ahí. El argumento de algunos médicos es que en todos los hospitales del mundo hay bacterias de este tipo. Que es normal que los pacientes se contagien y mueran debido a esto. Eso para mí y para otras personas que conozco que han sido víctimas de estas bacterias que existen en el ISSS, no es un argumento válido.

Mi padre murió después de 3 meses y medio. Era una persona fuerte y soportó una neumonía por todo ese tiempo. Nunca pudieron eliminar esa enfermedad y al final solo fueron excusas culpando al mismo hospital con su mala asepsia. Mi madre me dijo que al decirle a un médico porque no hacían algo para eliminar tanta bacteria y le dijo solo prendiéndole fuego al hospital. Es decir, los hospitales del ISSS parecen la antesala del cielo para los pobres cotizantes que entran en sus instalaciones. La menor herida puede significar una bacteria que puede llevar a la muerte y nunca el ISSS tendrá la culpa, pues se escudan en bacterias abundantes que no deberían haber en un centro médico y ser un motivo más de preocupación para los familiares de los enfermos.

Pensé en poner la denuncia, pero me sentí totalmente devastado por el fallecimiento de mi padre y no quería seguir un proceso legal por el desgaste que significaría para mi madre. De esa forma murió mi padre producto de las bacterias que viven y gobiernan en el ISSS.

Una larga espera.

Tres meses después, un fuerte dolor abdominal y vómitos me lleva nuevamente al ISSS. Llego a emergencias del Hospital de Especialidades. Eran las 1:24 am. Al entrar busco con la miraba a un médico en emergencias y no había nadie. Me acerqué a la recepcionista y le pido que me atienda un médico pues vengo con fuertes dolores – quien ha sufrido un ataque de cálculos en la vesícula sabe a qué me refiero -.

La recepcionista, adormitada todavía, es quien decide mandarme al área verde donde no van las emergencias, sino los que deben esperar en la cola la atención médica. Me molesté pero no podía reclamar pues no soportaba los dolores. Solo pensé que la única forma de entrar a emergencias en el ISSS es llegar baleado o una fractura expuesta.

Entro al baño a vomitar para encontrarme con un sanitario saturado de excrementos. Mi madre se acercó a otra de las “amables” trabajadoras del ISSS sentada frente a los que esperaban, para decirle que mi estado era grave y que tenía que verme un médico. La humanista y bien educada funcionaria del ISSS sin levantar la mirada le dice: “Tiene que esperar su turno”.

Hasta ese momento dos personas que no eran doctoras una me había evaluado y sacado la conclusión de mi nivel de prioridad médica y la otra funcionaria no dio la importancia a mi estado e ignoraba las suplicas de mi madre.

Después de estar esperando con dolores insoportables, decido irme a otro hospital, sin antes quejarme con una de la funcionarias amables entrenadas para el trato con enfermos. “Me voy de aquí es el colmo que no me atiendan en este estado”. Ella cordialmente me dice “Pues váyase…”Esa es la forma de trato humano que brindan las personas que están en emergencias en el ISSS.

Al final me voy al hospital Pro- Familia donde al ver las condiciones que iba fui ingresado a emergencias inmediatamente al contrario de lo realizado en el ISSS. Se me hacen los exámenes debidos y por el nivel de dolor se me inyectan calmantes. La doctora de planta de ese nosocomio me comenta que puede ser pancreatitis y realizan varios exámenes. Al final se me diagnostica y me operan de emergencia por colecistitis aguda.

 

Otra larga espera.

 

Decidí pedir devolución de lo gastado en el hospital Pro Familia debido a que el deber del ISSS era brindarme la asistencia médica oportuna y por estar seguro que mis derechos humanos en este sentido fueron violentados. No había personal médico que evaluara con prontitud y diera un diagnóstico en un caso de emergencia. Me topo con la burocracia típica del ISSS y la deshumanización total de dos personas que estaban más preocupadas en dormir y en la hora de salir de sus turnos. Una total muestra de desinterés en cumplir el objetivo de esta institución médica de brindar de manera integral atención en salud.

Comienzo el trámite de devolución el 18 de julio del 2016. Después de ocho meses de estar llamando al departamento de devoluciones para saber qué pasa, me canso de esperar y decido ir a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos a poner la denuncia. Solo por eso, supongo, el ISSS ve mi caso y al final rechaza devolverme lo gastado deduciendo que no había esperado para ser evaluado en dicha unidad.

Me pregunto cuánto tiempo debe esperar un paciente con dolores fuertes para ser evaluado. ¿Hasta estar en el suelo desmayado? ¿Estar muerto en la silla? ¿Esperar por una gangrena, perforaciones de la vesícula o una peritonitis?

En las instalaciones de emergencias del ISSS, en esa noche, en ese instante de mi vida, se puso en peligro mi existencia por la falta de humanismo, responsabilidad, eficiencia y atención médica. Lo que hace ahora el ISSS es decirme que soy un mentiroso de una forma sutil. ¿Qué piensa esta gente que comanda este Consejo? ¿Qué uno quiere sacarles dinero a ellos? ¿Qué un enfermo grave va a querer irse a otro hospital a gastar dinero por gusto propio? ¿Qué yo arriesgaría mi vida por esperar ser diagnosticado en sus instalaciones? Eso es un insulto a la inteligencia de los cotizantes que además somos consumidores de un servicio.

Estas personas de este Consejo del ISSS en verdad deben tener una capacidad de análisis basado en la “empatía” para deducir que un ser humano puede aguantar un dolor de ese nivel en una sala de espera. Posiblemente no conocen sobre el instinto de sobrevivencia del ser humano. Ellos esperaban que yo me quedara esperando con la pierna encima que una secretaria o recepcionista me dieran el honor y por lástima fueran avisar a un galeno de la zona de emergencias para ser atendido como debía por mi estado.

Al recibir esta notificación, al día siguiente fui a la Fiscalía General de la República a poner una denuncia y después a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos para informar sobre la negativa, donde esperaré que otros pasos seguir. Expuse esta situación en mis redes sociales donde muchos me han compartido sus experiencias de pesadilla en el ISSS.

 

Ahora leo sobre la misión del Instituto Salvadoreño del Seguro Social   : "Somos una Institución de seguridad social comprometida a brindar de manera integral atención en salud y prestaciones económicas a los derechohabientes con calidad y calidez basados en los principios de la seguridad social." Su visión: "Ser una institución modelo en atención en salud, moderna, eficiente y orientada hacia la protección social universal" y valores institucionales: “Eficiencia” “Ética” “Humanización” “Identidad” y “Responsabilidad”, y reflexiono que el papel aguanta todo y es un pésimo chiste para quienes han sufrido lo que se puede considerar como maltrato.

El ISSS no se rige con calidad y calidez. La mayoría de personas que trabajan en la parte de atención al paciente no cumplen esta misión. Son solo algunos que pasarían una evaluación de las mismas personas que somos atendidas en sus instalaciones. Yo como muchos sabemos que estos funcionarios hacen sentir que el enfermo está pidiendo un favor. Son totalmente deshumanizados pues viendo que mucha gente que va ahí adolece de enfermedades y nos tratan como una molestia.

Yo como un cotizante y usuario del ISSS soy uno más de muchas personas que han sufrido acciones que nos afectan en nuestra dignidad humana y demuestran que esa institución tiene que hacer una evaluación no solo de sus servicios médicos en su totalidad, sino del trato a los pacientes y los familiares de ellos.

No es posible que un guardia de seguridad trate con despotismo a un enfermo, que una funcionaria responda con prepotencia a una anciana que busca ayuda médica, que se deje a gente de la tercera edad en largas colas, que una familia reciba un cadáver equivocado, que una recepcionista de evaluación en emergencias y que un enfermo deba usar un retrete tapado con excrementos donde no hay papel higiénico

Yo invito a todos aquellos que consideran que han sufrido algún tipo de maltrato o violación en sus derechos humanos como pacientes o cotizantes a que busquen asesoramiento en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y en la Fiscalía General de la República, ya que mi caso es solo parte de un iceberg de situaciones que deben ser denunciadas. No es posible ser cómplice en silencio de los maltratos que se pueden dar en una sociedad profundamente enferma.

 

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Colas para entrada en donde se ven ancianos que deben hacer fila también.

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Paciente en camilla al mediodia esperando atención.

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Personas de la tercera edad haciendo colas a las 6 am.

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Personas de la tercera edad haciendo colas.

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Retrete con tapado en Emergencias de Especialidades.

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Anciano esperando por atención.

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Zarko Pinkas es un comunicador y analista independiente chileno que ha residido en varios países de América del Sur y Centro América.Es licenciado en Comunicaciones y Periodismo de la UCA y egresado de magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile. 

 

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Sales a tomar el bus y debes pagar la renta a un delincuente. Tu cama podría ser o es la calle. Te toca buscar la cena para Navidad en el basurero municipal. Al exigir tus derechos al Estado te reciben con un guardia armado psicótico con más poder que un funcionario corrupto. En cierta forma, estás en un Estado fallido bananero, aunque por dentro le podrás decir -vulgarmente- que vives en “una mierda de país “como me dijo una amigo venezolano

Obviamente tienes la posibilidad de buscar la iluminación al leer a Samuel Huntington, Robert Dahl, Giovanni Sartori y Hannah Arendt , para tratar de entender la razón de estar cohabitando en una sociedad donde no existe un control efectivo del territorio, una nula capacidad para tomar decisiones por parte del Estado, sumado a la incapacidad para suministrar servicios básicos y la impunidad de mafias y delincuentes. Sin duda que estamos metidos en serios aprietos al estar en medio de esta peste.

Los autores Gerald Herman y Steven Ratnet mostraron preocupación por un nuevo fenómeno de un Estado el cual se va volviendo incapaz de sostenerse a sí mismo como un miembro de la comunidad internacional. Esta polis moribunda podría poner en peligro a sus propios ciudadanos y provocar fuertes oleadas de refugiados e inestabilidad política. Esto provocaría una contaminación a sus vecinos y expandir su deterioro.

William Olson aumentó la definición a los Estados que enfrentan complejos problemas internos que terminan amenazando su continuidad como tal, presentando serios desafíos internos para el orden político.

Robert H. Jackson habló sobre “failed states” remarcando la parte social al no poder garantizar el mínimo de condiciones civiles a sus ciudadanos. Se refería a los recursos básicos para que un sujeto pueda desarrollarse en un entorno con orden, paz y seguridad doméstica. Un Estado fallido no necesariamente es económicamente subdesarrollado, pero sufre una compleja deficiencia en el aspecto político.

El centro de estudios “Fund for Peace” propone parámetros para identificar un Estado fallido:

  1. Pérdida de control físico del territorio o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza.
  2. Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones.
  3. Incapacidad para suministrar servicios básicos.
  4. Incapacidad para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.

Por lo general, un Estado fallido se define por un fracaso económico, social y político, caracterizándose por gozar de un gobierno tan ineficaz y débil, el cual tiene escaso control sobre extensas zonas de su espacio nacional. No suministra ni puede proveer servicios básicos a sus ciudadanos, presenta profundos niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados hacia otros territorios y una marcada crisis económica.

 

“Una mierda de país”

De esa forma, podemos tener un acercamiento a los conceptos de un Estado fallido, aunque la teoría logra ser más vomitiva al vivirla a diario. La expresión de un gran porcentaje de ciudadanos, herederos fallidos de estos Estados, se define en la palabra con que cierra su obra García Márquez, “El coronel no tiene quien le escriba”:

—Dime, ¿qué comemos?

—El coronel necesitó setenta y cinco años —los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto— para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: Mierda.

Los autores de estos marcos teóricos solo visitan estos países para comprobar que parte de sus definiciones y parámetros son reales. Viajan a Ruanda, Somalia, Haití, Sudán, Afganistán, para analizar los niveles que van desde “peligroso” a “alerta” para después salir de estas naciones donde, obviamente, la única solución es convertirse en protectorados de la ONU o terminar intervenidos por potencias coloniales.

En esa situación estamos los ciudadanos comunes. Recibiendo los efectos de vivir en un sistema político y económico disfuncional. Con actores con poder que solo quieren favorecer a grupos fácticos, conformados por nuevas clases políticas ansiosas por hundir el diente en los despojos; y sectores de poder económico cuyo único fin es sacar los últimos recursos antes del colapso de estas naciones.

La peor actitud del ciudadano racional y crítico es creer las falsas soluciones a problemas que nunca se van a poder resolver, pues el objetivo del parasitismo de las élites fallidas en la región será provocar la inmigración para mantener un economía con crecimientos ilusorios y estabilidad política inexistente. Aunque ahora con Donald Trump la fiesta se puede acabar. Por eso, la responsabilidad de buscar soluciones está en las manos de los grupos de activismo social equilibrados y de intelectuales libres pensadores, ya que no se puede seguir creyendo en promesas del populismo y la demagogia de las extremas que han fracaso en Latinoamérica.

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