De todo un poco - Diario Digital Cronio de El Salvador
19 Jan, 2018
Última actualización: 11:09 AM 19 January 2018

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De todo un poco

De todo un poco (4)

Periodista, comentarista, presentador y comunicador institucional, con 30 años de experiencia en deportes como reportero.

Sales a tomar el bus y debes pagar la renta a un delincuente. Tu cama podría ser o es la calle. Te toca buscar la cena para Navidad en el basurero municipal. Al exigir tus derechos al Estado te reciben con un guardia armado psicótico con más poder que un funcionario corrupto. En cierta forma, estás en un Estado fallido bananero, aunque por dentro le podrás decir -vulgarmente- que vives en “una mierda de país “como me dijo una amigo venezolano

Obviamente tienes la posibilidad de buscar la iluminación al leer a Samuel Huntington, Robert Dahl, Giovanni Sartori y Hannah Arendt , para tratar de entender la razón de estar cohabitando en una sociedad donde no existe un control efectivo del territorio, una nula capacidad para tomar decisiones por parte del Estado, sumado a la incapacidad para suministrar servicios básicos y la impunidad de mafias y delincuentes. Sin duda que estamos metidos en serios aprietos al estar en medio de esta peste.

Los autores Gerald Herman y Steven Ratnet mostraron preocupación por un nuevo fenómeno de un Estado el cual se va volviendo incapaz de sostenerse a sí mismo como un miembro de la comunidad internacional. Esta polis moribunda podría poner en peligro a sus propios ciudadanos y provocar fuertes oleadas de refugiados e inestabilidad política. Esto provocaría una contaminación a sus vecinos y expandir su deterioro.

William Olson aumentó la definición a los Estados que enfrentan complejos problemas internos que terminan amenazando su continuidad como tal, presentando serios desafíos internos para el orden político.

Robert H. Jackson habló sobre “failed states” remarcando la parte social al no poder garantizar el mínimo de condiciones civiles a sus ciudadanos. Se refería a los recursos básicos para que un sujeto pueda desarrollarse en un entorno con orden, paz y seguridad doméstica. Un Estado fallido no necesariamente es económicamente subdesarrollado, pero sufre una compleja deficiencia en el aspecto político.

El centro de estudios “Fund for Peace” propone parámetros para identificar un Estado fallido:

  1. Pérdida de control físico del territorio o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza.
  2. Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones.
  3. Incapacidad para suministrar servicios básicos.
  4. Incapacidad para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.

Por lo general, un Estado fallido se define por un fracaso económico, social y político, caracterizándose por gozar de un gobierno tan ineficaz y débil, el cual tiene escaso control sobre extensas zonas de su espacio nacional. No suministra ni puede proveer servicios básicos a sus ciudadanos, presenta profundos niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados hacia otros territorios y una marcada crisis económica.

 

“Una mierda de país”

De esa forma, podemos tener un acercamiento a los conceptos de un Estado fallido, aunque la teoría logra ser más vomitiva al vivirla a diario. La expresión de un gran porcentaje de ciudadanos, herederos fallidos de estos Estados, se define en la palabra con que cierra su obra García Márquez, “El coronel no tiene quien le escriba”:

—Dime, ¿qué comemos?

—El coronel necesitó setenta y cinco años —los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto— para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: Mierda.

Los autores de estos marcos teóricos solo visitan estos países para comprobar que parte de sus definiciones y parámetros son reales. Viajan a Ruanda, Somalia, Haití, Sudán, Afganistán, para analizar los niveles que van desde “peligroso” a “alerta” para después salir de estas naciones donde, obviamente, la única solución es convertirse en protectorados de la ONU o terminar intervenidos por potencias coloniales.

En esa situación estamos los ciudadanos comunes. Recibiendo los efectos de vivir en un sistema político y económico disfuncional. Con actores con poder que solo quieren favorecer a grupos fácticos, conformados por nuevas clases políticas ansiosas por hundir el diente en los despojos; y sectores de poder económico cuyo único fin es sacar los últimos recursos antes del colapso de estas naciones.

La peor actitud del ciudadano racional y crítico es creer las falsas soluciones a problemas que nunca se van a poder resolver, pues el objetivo del parasitismo de las élites fallidas en la región será provocar la inmigración para mantener un economía con crecimientos ilusorios y estabilidad política inexistente. Aunque ahora con Donald Trump la fiesta se puede acabar. Por eso, la responsabilidad de buscar soluciones está en las manos de los grupos de activismo social equilibrados y de intelectuales libres pensadores, ya que no se puede seguir creyendo en promesas del populismo y la demagogia de las extremas que han fracaso en Latinoamérica.

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Recientemente, un grupo de futbolistas viajó a Estados Unidos a realizar varios partidos de exhibición, en los que ilegalmente usaron uniformes de la Selección Nacional y los promotores el logo de la FESFUT.

Un hecho que a todas luces vuelve a dejar en descubierto la falta de profesionalismo de nuestros jugadores y de que sigue existiendo personas que no tienen reparos para buscar lucrarse a costa de lo que no les pertenece o tengan derechos.

Lo de los jugadores es inaceptable, y algunos, como Fito Zelaya y Marcelo Posadas, con antecedentes de haberse involucrado en los amaños de los partidos de la Selección Nacional, es incomprensible.

No podemos dejar de relacionar este caso con los amaños, debido a que se ha violado el derecho deportivo de la FESFUT, y ahora la cosa pasa por lo legal debido al uso de una marca que es exclusiva del fútbol nacional, manejada esta vez por la FESFUT.

Los directivos del ente federativo dicen que va a investigar, les asiste el derecho. Deben llevar a la mesa de juicio deportivo a los jugadores de la primera y segunda divisiones que han participado, y a los organizadores a los tribunales respectivos, ya sea en El Salvador o Estados Unidos por el uso de la marca sin tener el permiso respectivo.

Asimismo, y espero que lo haga, la FESFUT debe pronunciarse junto a su patrocinador MITRE porque se usó su marca sin la debida autorización.

Jugadores como Carlos Ayala, Marcelo Posadas, Javier  Hernández, Mauricio Quintanilla (con Firpo en Segunda), Rafael Fuentes, Ricardo Alvarado, Isidro Gutiérrez, Edwin Sánchez, Óscar Ulloa y Rodolfo Zelaya, deberán responder por este mal paso. Lo mismo que el seleccionado de fútbol playa Frank Velásquez, quien participa de esta actividad.

 

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La Primera División pretende subir a 12 equipos para disputar la temporada 2015-2016 en busca de aumentar la presencia de aficionados en los estadios. Se busca hacer más atractivo el torneo para que lleguen más aficionados a las canchas del circuito mayor, ya que este rubro ha venido a la baja en los últimos años.

Sin duda que buscar mejoría no es una idea descabellada, sin embargo, lo que el fútbol salvadoreño necesita es mejorar otros aspectos para que el producto final sea agradable a la clientela.

Primero, las instalaciones. Ningún estadio donde se juega fútbol de la primera división cuenta con la comodidad debida para el aficionado. Sinceramente, no es llamativo ir a un estadio de fútbol en El Salvador.

En ese sentido, los escenarios deportivos no son los adecuados para que una marca patrocinadora presente su producto líder, no se puede invertir en promoción en un inmueble con mal aspecto, los estadios son una ruina.

No se puede montar promociones o venta de artículos de las marcas patrocinadoras porque todo se hace prácticamente en la calle, los escenarios no tienen lugares adecuados para hacer trabajo de mercadeo.

Y mucho menos de venta, ya que a los alrededores de los estadios, los primeros en llegar son los puestos en donde se vende mercadería pirata, a lo que los equipos nada hacen para defender la marca de su patrocinador.

A sabiendas que poco o nada harán los equipos en aspecto de logística o de infraestructura en los estadios donde se juega el torneo de Primera División, ya que ningún equipo es dueño del inmueble que ocupa, lo deportivo deberá ser la prioridad.

El espectáculo, en primera instancia, es lo que hará volver a los aficionados. En ese sentido los equipos deberían preocuparse por traer jugadores de mejor calidad para que el jugador nacional se esfuerce por estar a la altura.

Y digo lo anterior porque el bajo espectáculo de la Primera División es una de las principales causas del ausentismo en las gradas. La expectativa que se crea alrededor del torneo de la liga mayor es muy baja, debido al pobre nivel de los jugadores.

Mejorar la plantilla de los equipos, sin duda, será un gran esfuerzo para los equipos y es claro que no todos están en la capacidad de hacerlo.

 

Por ello, se busca modificar el formato del torneo que es menos riesgoso en el aspecto económico, si las cosas no se dan como se espera.

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En más de una ocasión he declarado que la Selección Nacional de fútbol playa es nuestro orgullo nacional gracias a sus excelentes presentaciones nacionales e internacionales, amistosas u oficiales.

También es cierto que el esfuerzo que se hace para mantener activos a un grupo de jugadores es poco, ante la respuesta que se tiene en la cancha. Cuando estos muchachos saltan a la arena queda plasmado que lo extradeportivo se queda en la calle, en la casa o en el escritorio, ellos salen a romperse el alma por la camisa nacional, por su orgullo propio, a luchar por dar una satisfacción a la afición salvadoreña.

Pero también es cierto que si no se comienza desde ya a trabajar para arrancar con una liga nacional de fútbol playa, el futuro de este deporte y de la misma Selección Nacional, comenzará a tambalearse.

Y hablo de una liga a nivel nacional cuyo desarrollo sea controlado por la FESFUT, para que ésta sea una especie de fábrica de jugadores, porque el ciclo de Rudis González Gallo, del Tin Ruiz y compañía algún día terminará. En la actualidad existen polos de desarrollo como en la Barra de Santiago, Metalío, San Isidro, Costa del Sol, entre otros, que nada más están a la espera de la supervisión federativa y del apoyo logístico y administrativo para crecer y desarrollarse de manera ordenada y sostenida.

Pero por ahora, hay que buscar potenciar al equipo nacional. Por ejemplo, existe una invitación para una hexagonal internacional en República Dominicana, que la FESFUT debería aprovechar para mantener este colectivo que puede seguir dando satisfacciones. Además, casos como la participación del portero Eliodoro Portillo con el FC Barcelona, benefician a la selección y a la difusión de la disciplina.

Asimismo, la organización de la liga de fútbol playa será beneficiosa para el desarrollo del arbitraje y el tema entrenadores de la disciplina. A propósito de entrenadores, la FESFUT debe buscar la manera de mejorar los contratos de los miembros del cuerpo técnico, que bien merecido se lo tienen.

Pero de todo eso, a que el fútbol playa sea el futuro del fútbol en El Salvador, hay mucha distancia, ya que el mundo del fútbol 11 es totalmente diferente al del fútbol playa, por el lado que quiera verse. No creo que el fútbol playa desplace al fútbol 11, aún y cuando en la actualidad los Guerreros de Playa estén bien metidos en el corazón de la afición y que muchas marcas o empresas hagan cola para patrocinar al equipo playero.

La Selección de fútbol playa es sin duda el oasis que ha encontrado la afición para celebrar y para tomar el estandarte del patriotismo, cosas que el fútbol 11 ha dañado con resultados y actuaciones para el olvido.

Puedo adelantar, y casi asegurar, que el día que la Selección Nacional, y me refiero a la de fútbol 11, comience a generar expectativa, el fútbol playa pasará a segundo plano.

De ahí que los esfuerzos por tener viveros de jugadores de fútbol playa se hace necesario, ya que el grupo actual, salido de la nada, que logró cosas importantes, y grandes, será bien difícil de encontrar otro de un plumazo.

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